Tepic, Nayarit, lunes 26 de julio de 2021

La respuesta está en el viento

Sergio Mejía Cano

17 de Junio de 2021

Quizás para los que nacimos a mitad de los años 50 del siglo pasado y un poco más acá, les llegue alguna vez el recuerdo de que mucha gente decía que el mundo se iba a acabar en el año 2000, pero ya vimos que no fue así, sino que muchos de nosotros aquí seguimos, más asombrados por los avances tecnológicos; sobre todo en lo de las comunicaciones.

 En mi caso particular, junto con otros amigos de la infancia, oímos decir alguna vez que el mundo se acabaría en 1965, tampoco fue así, desde luego. Lo que sí me ha quedado claro fue lo que nos dijo una maestra de español de segundo de secundaria que, acostumbraba a tomar los viernes como “viernes sociales”, día en que aprovechaba para explicarnos infinidad de cosas tanto del momento como del pasado, así como del futuro.

 Y fue en uno de estos viernes al estar hablando del fin del mundo en el año 2000, que nos dijo que el mundo se acababa para todos aquellos seres humanos que fallecían por equis motivos o que cambiaban radicalmente de vida, pues su mundo si no se acababa, sí cambiaba para ser otro.

 En una de estas pláticas un compañero recordó que había oído a sus papás que el mundo se acabaría en 1965, lo que recordamos varios, y la maestra nos comentó que sí se había acabado el mundo para muchos brasileños, pues se había dado un golpe de Estado, en donde mucha gente había perdido la vida; y abundó diciendo que ella también había oído cuando niña eso de que el mundo acabaría en el año 2000; pero que al ir creciendo y estudiando, se dio cuenta que desde siempre, a lo largo de la vida en este planeta para cada inicio de siglo o de milenio, mucha gente predecía que el mundo se iba a acabar al iniciar el próximo siglo o el próximo milenio, tal y como nos había tocado a nosotros que, si llegábamos al nuevo siglo por venir, comprobaríamos que no pasaba nada de nada-

 El problema es que si bien no se ha acabado el mundo, sí ha cambiado mucho, sobre todo en sus cambios climáticos, cambios en los que mucha gente, a pesar de estar viendo los acontecimientos de lluvias atípicas, calores extremos, nevadas excesivas, temblores, volcanes que vuelven a su actividad, lo que se le dice “Mar de fondo”, el desgajamiento de glaciares, etcétera, aún no creen que el mundo esté cambiando.

 Y lo curioso del caso es que precisamente, nosotros mismos somos los que estamos acabando con la vida en este mundo, y no la Naturaleza en sí, que lo único que hace es tratar de rehacerse, pero nosotros insistimos en atacar a la fauna y la flora, contaminando, en aras del progreso, mares, ríos, desapareciendo bosques, convirtiendo en páramos y desiertos lo que antes eran zonas frondosas y lagos y lagunas y, lo peor: especies desaparecidas tal vez para siempre y muchas otras en peligro de extinción. Y eso que también desde niños, se nos inculca que el ser humano es el “rey de la creación” y que somos superiores a las demás especies vivientes del planeta.

 Pero hay otra cosa más preocupante aún, es el retroceso intelectual de muchas personas; algo inaudito en pleno siglo XXI, siglo para el que ciertos sectores de la población vaticinaban que la gente iba a ser más abierta, más clara en sus pensamientos, menos fanática religiosamente hablando, más dada a la ciencia que al oscurantismo y sin embargo, tal y como estamos hoy en día, todo esto fue al contrario; pero ¿por qué? Pues porque se bajó considerablemente el nivel de enseñanza y educativo, a tal grado que a hasta muchos padres de familia no les interesó o no supieron cómo inculcarles a sus hijos valores cívicos de antaño porque ellos, los padres de familia, ya no habían tendido acceso a esta clase de enseñanza y educación.

 Cierta vez oí a un camarada que le había tocado vivir le era hippie en todo su esplendor, decir que íbamos bien, que se había avanzado mucho con la psicodelia en arte, cultura y literatura; sin embargo, en 1968 se nos habían cerrado las puertas para no seguir en ese avance y despertar de la mente humana. Que a los grandes dirigentes mundiales les había asustado este avance intelectual y buscaron la manera de mandar a las nuevas generaciones a una nueva etapa de fetichismo y fanatismo, pues no era conveniente que la juventud de aquel entonces contagiara a las nuevas generaciones con pensamientos e “ideas exóticas”. Y nos sugirió que para entender mejor lo que había pasado, oyéramos con detenimiento y analizáramos de bien a bien, la melodía de “La respuesta está en el viento”, del gran Bob Dylan, y comprenderíamos mejor la situación.

 Sea pues. Vale.

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