Tepic, Nayarit, viernes 20 de setiembre de 2019

22 años: del periodismo aldeano y rupestre al Diario de Aztlan

José Torres Zamora

19 de febrero de 2014

Este domingo 16 de Febrero, nuestra modesta publicación “Diario de Aztlán” cumplió un aniversario más de labor informativa, esta fecha nos llena de dicha y resquemores, por los altibajos que nuestro medio informativo ha enfrentado a lo largo de dos décadas; 22 años para ser exactos donde hemos experimentado desde la amenaza velada, el encarcelamiento por supuestas injurias y calumnias, la agresión directa, la represión económica de gobiernos intolerantes, pero también se ha cosechado buenos frutos y hasta disfrutado las delicias del poder, pues en estos largos años en dos ocasiones seguiditas nos ha tocado ser los jefes de prensa del Ayuntamiento Santiaguense, uno con el profesor Casimiro Delgado Brizuela del PRI y la otra con Rosario “La Güera” Valdivia de “La Alianza por el Cambio”.

Pero lo más importante de todo es la satisfacción de haber cumplido con uno de los objetivos. Ejercer a plenitud el periodismo, cuya actividad es la máxima manifestación de la libertad de expresión y con ello servir cabalmente a la comunidad.

Formado profesionalmente en dos importantes periódicos de Nayarit ambos desaparecidos, el tabloide “Diario de Nayarit” de Don Pepe Narváez y el combativo “Diario del Pacifico” que editaban una pléyade de jóvenes inquietos talentosos a quienes me uní a finales de la década de los setentas y principio de los ochenta. Con esa experiencia fundé primeramente en mi querido Santiago, “La Extra de Nayarit”, la cual deje en manos de mi hermano Enrique Torres Zamora, en virtud de haber sido designado Jefe de Prensa, del Gobierno de Emilio M. González.

Luego en el gobierno de Celso Delgado, mi compadre Enrique Vargas López y mi entrañable amigo Francisco Ocampo Mondragón (ambos ya desaparecidos) fundamos el periódico “El Cotidiano”, el cual fue cerrado tras una escaramuza que protagonizamos con los dueños del poder, Gilberto Martínez, tesorero, Sigfrido “El Piro” De la Torres Miramontes, Secretario General de Gobierno y el propio Gobernador Rigoberto Ochoa Zaragoza.

La confrontación se inicio porque en una nota denunciamos que Gilberto Martínez, andaba constantemente en Santiago, con música de banda o mariachi halagando a uno novia que tenía en el Infonavit de esta ciudad, en tanto que al “Piro”, mi compadre que era muy aventado le decía recio y quedito “Caquino”, “zumbador” y sus equivalentes, por los antecedentes personales que este funcionario tenia públicamente, de ahí nos trajeron en ojeriza, hasta que Rigoberto decidió retirarnos la publicidad y ahogar económicamente nuestra publicación.

Afortunadamente ya tenía una vela prendida, precisamente por si se apagaba la otra, pues Diario de Aztlán, estaba en sus apogeos, acaba de consolidarse como el mejor periódico de la región, por lo que nos dedicamos en cuerpo y alma a este nuevo proyecto de periodismo independiente, ya que hemos demostrado que este medio con la pura venta al público y gracias a su preferencia se puede mantener solo, sin recurrir al subsidio gubernamental, ni mucho menos subordinarse a ningún poder ni político, ni económico. Diario de Aztlán, es de los pocos especímenes democráticos que se pueden dar el lujo de confrontar a un gobierno estatal intolerante y represivo como lo hicimos con Rigoberto Ochoa Zaragoza y ahora con Roberto Sandoval, amén de los Gobiernos municipales de Raúl Mercado Guerrero, Amado Montero Jaime y Sergio González García a quienes fustigamos y les publicamos todas sus tropelías.

Así con estos antecedentes periodísticos, entendimos que el comunicador profesional es como un soldado en combate, no puede darse el lujo de cambar de bagaje e irse con el enemigo, en este caso, dejar de ser críticos para entregarse al culto de la sumisión como lo hacen la mayoría de los medios estatales y locales, cuyos tirajes son tan ridículos que apenas si llegan a los doscientos ejemplares, los cuales regalan a la gente del gobierno y a sus amigos para leerse entre ellos mismos, pues a la opinión pública estos bodrios no le interesa leer, simplemente porque carecen de credibilidad por su desbordado entreguismo al patrón.

Diario de Aztlán, es duro por naturaleza, es crítico con rigor, sabemos decir con propiedad lo bueno y lo malo, sin necesidad de llegar a los extremos. De Pavel Jarero, hemos dicho sus errores, pero también sus aciertos. Uno de ellos que vive su administración la paradoja de tener muchos dinero para obra pública que ha gestionado ante la bancada perredista y la otra que batalla para pagar la nomina, porque el Gobierno de Sandoval le retiene sus participaciones federales para pagarse a lo chino las deudas al IMSS y SAT que recibió de anteriores administraciones municipales, sin que estas las hayan llamado a cuentas para que cuando menos paguen las observaciones resarcitorias que les ha publicitado el Órgano de Fiscalización Superior y que suman entre los tres últimos gobiernos varios millones de pesos.

En fin “Diario de Aztlán” ha abrevado en lo mejorcito del periodismo de Nayarit y gracias a ello, hemos aprendido la lección de jamás autocensurarse y ejercer sin cortapisas la libertad de expresión y así logramos trascender, pues cuando llegamos a Ixcuintla, los medios tradicionales, eran arcaicos en su diseño y rupestres en su elaboración, como hace mas de 35 años que llegamos a Tepic y vimos una prensa anquilosada, abyecta, carente de profesionalismo e indigna hasta la ignominia. Solo “Diario del Pacifico” y algún otro medio daban voz a los sin voz y cumplían su compromiso de informar objetivamente a la sociedad.

De 1975 a la fecha, casi todo sigue igual, la prensa escrita, radiofónica y televisiva con sus excepciones siguen igual de sumisa y acrítica, la mayoría de sus directores y propietarios, no saben escribir ni en las paredes de los baños, algunos son hasta junior que recibieron de herencia esos medios y no saben más que sacar dinero y gastarlo.

En cambio Diario de Aztlan, nació del esfuerzo, sabe de su compromiso social y cada año como hoy refrendamos nuestra responsabilidad con los lectores a quienes nos debemos, pues un periódico sin leyentes, pierde su influencia social como la tienen perdida la mayoría de los periódicos locales y estatales que viven solo de las migajas que les avienta el patrón.

Gracias pues a todos los que han apoyado, simpatizado y creído en este proyecto periodístico, sobre todo a los fundadores del Diario, Juan Diego Ahumada Lara, Ricardo Rivas Montaño y Andrés Tarabay Amaral (QEP) y a los nuevos que han ingresado para continuar este apasionante como en ocasiones ingrato quehacer periodístico que iniciamos hace 22 años: que no son nada, pues estamos en plena juventud y vamos por mas, sin dejar de lado nuestro compromiso de servir siempre a la colectividad a la que nos debemos siempre.

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