Tepic, Nayarit, miércoles 29 de enero de 2020

Vale la pena visitar Tlaxcala

Oscar González Bonilla

31 de julio de 2014

Días de visita a Tlaxcala más que seducir se trató de relajación del estado físico y mental, alejado del ajetreo cotidiano y sin comunicación por ningún medio del acontecer noticioso en el solar natío, sólo dedicado de tiempo completo con mi esposa e hijo a recorrer algunos puntos de la geografía de la tierra del nopal y la tuna.

Previo al arribo a la entidad en territorio más pequeña del país, un vistazo a la zona arqueológica de Teotihuacan, Estado de México, para trepar hasta la cima de la pirámide del Sol, colosal por su altura y construcción de cantera y piedra aderezada con aguamiel, según versión de quienes por años son vigilantes del lugar. Es la escultura dominante del conjunto de edificaciones prehispánicas, cuyo ascenso sirvió para llenarnos de energía del resplandeciente sol de verano.

Uno de los muchos vagos que en Tepic es mi amigo me dijo que Tlaxcala no tiene el mayor atractivo, muy poco hay que ver. Es muy similar a nuestra capital, sin mucho interés, argumentó. Ahora pienso que su visita debió haber sido muy superficial, o bien quiso referirse a algún aspecto en especial que no atino a comprender.

El caso es que desde mi particular punto de vista Tlaxcala sí tiene cosas muy importantes. La ciudad capital goza de riqueza arquitectónica, está plagada de edificaciones propias del influyente catolicismo. Templos al por mayor muy cerca uno del otro, casi frente a frente. Incluso aprecié uno tan pequeño como para cuatro fieles a lo sumo, creo que es así porque además de cerradas sus puertas se ubica en especie de isla, por los cuatro costados tiene calles de tránsito vehicular.

La evangelización de los nativos por parte de integrantes de la iglesia católica permitió  la erección además de conventos franciscanos, entre ellos se encuentra en Tlaxcala capital uno camino a la Calzada de San Francisco arbolado con frondosos fresnos y piso de cantera, en la parte superior del empinado sendero se hallan tres arcos enormes, únicos en el país, que se conectan a una grande torre que invariablemente aparece en fotos a la plaza de toros Jorge “El Ranchero” Aguilar por su cercanía.

Es buena la infraestructura urbana no sólo de la capital sino de cuando menos tres cabeceras municipales visitadas. También el servicio de transporte colectivo es de calidad, mientras que su gastronomía no me gustó tanto. Museos son varios, pero llamó mi atención el Museo de la Memoria, una de cuyas salas nos permite documentalmente hacer un recorrido histórico de Tlaxcala desde 1521 hasta finales del siglo 18.

Tiene la capital actividad cultural incesante, música en plazas públicas, teatro con entrada gratuita, danza, exposiciones de pintura y otras para envidia nuestra. Me topé un viernes de danzón en la plaza principal denominada de la Constitución, en el quiosco una gran orquesta y los bailarines no sólo de la tercera edad, también jóvenes, entre ellos parejas debidamente ataviadas con ropa formal, calzado y sombrero para la ocasión. Me imaginé ver a Tin Tán en sus buenos tiempos de pachuco.

Convertida como atractivo al turismo está la Escalinata de los Héroes, erigida en el núcleo de la ciudad al bordo de un cerro con 244 escalones que a lo alto se corona con la estatua de Xicohténcatl. A ambos lados los escalones, mientras que al centro desde lo alto baja un torrente de agua que es acompañado de bustos pequeños de héroes que van desde Miguel Hidalgo hasta Venustiano Carranza.

Visitamos Huamantla, pueblo mágico, destacado por su plaza de toros y criaderos de toros de lidia, razón por la cual no podía faltar el museo del toreo, que por cierto admiramos a detalle todo lo que allí se encuentra en exhibición. Pero todavía superior fue nuestro interés acudir al Museo Nacional del Títere en esta misma cabecera municipal. Conocimos enorme variedad de figuras elaboradas por artistas de diversos países, títeres de guante, vara y cruceta (se refiere a su manejo), así como finas figuras asiáticas que a través de luces sólo se proyecta la imagen en superficie plana. Se exhiben pues títeres de diferentes épocas y culturas de este que es considerado arte milenario. Tal parece que Huamantla es pionero en el país en el arte del títere, iniciado por el trabajo de cuatro hermanos integrantes de la familia Roseta Aranda, fundadores de la compañía de marionetas más importante que ha tenido México.

Otro pueblo mágico que nos tocó conocer es Chignahuapan, lugar donde visitamos una fábrica de esferas y de múltiples figuras derivadas de la imaginación sin límite. Un largo edificio de dos pisos alberga cantidad de trabajadores, mujeres y hombres, sin quien los presione porque en la división del trabajo cada quien sabe cumplir con su responsabilidad a la perfección. Como no amerita mayor esfuerzo físico, observé les dan empleo a personas con síndrome de Down y de la tercera edad. Para mí fue una sorpresa saber que en Chignahuapan nació Gaspar Henaine, mejor conocido en el mundo de la farándula nacional como Capulina, merecedor de una estatua de tamaño natural en la plaza principal de la cabecera municipal.

También visitamos Chiaumpan, cabecera municipal, así como la Hacienda de Soltepec, convertida en hotel. En la zona de la sierra estuvimos en el hermoso pueblo de Zacatlán de las Manzanas, donde se fabrican sidras de las mejores en el país, aunque este lugar pertenece al Estado de Puebla.

Un días antes de nuestro regreso a Tepic, asistimos el sábado 26 de julio mi esposa, mi hijo y yo, a insistencia de este último, al estadio Cuauhtémoc de la capital poblana (poquito menos de una hora el traslado en camión de Tlaxcala) para presenciar el partido de futbol entre los equipos de primera división profesional Veracruz y Puebla. Encuentro aburridísimo. Quien vino a ponerle sabor al caldo fue el veterano jugador Cuauhtémoc Blanco, quien ingresó a la cancha más allá de los 20 minutos del segundo tiempo por indicaciones del director técnico del Puebla Omar Romano. Aunque el camello Blanco se echó el equipo a la joroba, sólo pudieron sacar el empate a cero. Imposible el triunfo cuando el motor del equipo es un jugador de más de 40 años de edad.

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