Tepic, Nayarit, viernes 21 de febrero de 2020

Demos gracias a Dios porque no hubo un solo ahogado

Oscar González Bonilla

11 de septiembre de 2014

A Tepic cuando no le llueve le llovizna. Pero la tormenta del sábado 6 de los corrientes parecía el diluvio, un chingo de agua y durante horas como jamás en los últimos tiempos había ocurrido en la ciudad capital.

El fenómeno meteorológico que por desgracia afectó a los más pobres de los pobres, evidenció la falta de coordinación entre dependencias de los tres niveles de gobierno responsables de intervenir en auxilio de la población civil. También los funcionarios del gobierno de la gente y otros no supieron reaccionar con atingencia.

Cada quien operó por su lado y como Dios le dio a entender. Protección Civil, Policía Nayarit, y municipal en menor proporción, Tránsito reducido casi a la nada, Bomberos poco se supo de ellos. El gobernador Sandoval, el presidente municipal electo de Tepic y algunos legisladores tomaron pala o cubeta tan sólo para la foto.

En el recuento de los daños, oficialmente se informa que fueron treinta las colonias afectadas con más de cien viviendas inundadas, muy aparte diferentes edificios como por ejemplo la Central Camionera, la Concha Acústica del paseo de La Loma. Limitado fue el personal para atacar el gran universo del lamentable accidente, además lo que pareció una tromba cayó en sábado cuando éstos se ocupaban en otros menesteres, a lo mejor algunos hasta dormían la mona.

El titular de la Dirección de Protección Civil del Estado, Martín Tapia Miranda, declaró que fue inmediata la movilización de personal, mientras que el secretario general de gobierno, José Trinidad Espinoza Vargas, afirmó que mucho más valiosa fue la participación organizada de la ciudadanía. Pues sí, integrantes de familias con casas inundadas, agua que les llegaba a la cintura, junto con parientes y amigos tuvieron que entrarle a desaguar a cubetazos mientras muebles de sala, refrigeradores, estufas y muchos enseres domésticos flotaban en danza acompasada.

Hubo quienes no aguantaron el llanto, una de ellas fue mi hermana Josefina ante semejante desgracia. La casa que habitó mi madre en la colonia Mololoa y la de enseguida, de mi consanguínea, entre otras cercanas, las inundó el agua de lluvia. Cuantiosas pérdidas, pero Roberto Sandoval ni siquiera dirige la mirada a la colonia Mololoa, menos cuando las viviendas en cuestión tienen cercanía con la mansión del ex gobernador Ney González. A propósito una de las hijas de este último también sufrió las consecuencias.

Al chingo de agua que cayó del cielo se agregó el hecho de taponar las alcantarillas pluviales a causa de la enorme cantidad de basura en las calles que arrastró la corriente. Cuando menos tres días hacía que el camión recolector dejó de transitar en toda la ciudad, producto del movimiento de brazos caídos de los trabajadores del Ayuntamiento de Tepic a manera de protesta por falta de pago salarial y algunas prestaciones de ley. Hubo quienes, y con razón, echaron la culpa a los habitantes de la ciudad por sacar a la calle montones de basura, pero responsabilidad tienen también las autoridades competentes por no aplicar medidas emergentes ante ese problema de sanidad.

La cancha de futbol de Infonavit El Mirador resultó severamente dañada. La corriente de agua socavó cimientos de una barda sobre la cual se sostenía el alambrado perimetral y se desmoronó. Un poste del alumbrado se vino abajo, entre otros daños menores. Este es ejemplo de que las grandes obras se hacen con material de baja calidad y sin la sapiencia que debe poner el humano, sólo meses tenía de haberse inaugurado por el presidente municipal de Tepic, Héctor González Curiel “El Toro”, donde la inversión fue federal y la construcción del ayuntamiento local.

Dos días después de la tragedia, el secretario general de gobierno, Pepe Espinoza, apareció al punto en un matutino noticiario radiofónico local, que le asienta muy bien y que el conductor en complicidad le permite decir al aire, vía telefónica, una y mil barrabasadas. No hay límite, el espacio a las órdenes de su majestad. Quien paga manda.

No transcribiré textual lo dicho por Pepe Espinoza, pero intentaré explicar lo elemental de su exposición. Lamentó lo sucedido, el gobierno de la gente atiende sin descanso a las familias en desgracia y pregonó que el fenómeno los agarró desprevenidos, pero que para la otra no volverá a suceder, Dios quiera que no vuelva ocurrir.

Destacó que lo más importante fue la intervención de la ciudadanía, organizada de tal manera que con escasa herramientas en sus manos logró desaguar viviendas, humildes en su mayoría. Dijo que hubo responsabilidad –no señaló de quién- por la basura en las calles, pero prometió que para la próxima vez en camionetas el gobierno organizará la recolección de los desperdicios.

Pepe Espinoza explicó que conocemos los puntos de conflicto, las zonas que sufren inundaciones en la ciudad, están bien detectadas. Agregó que en este merequetengue debemos dar gracias a Dios que no hubo ni una persona ahogada, debemos dar gracias a Dios que no hubo un solo desaparecido, en este tema avanzamos, afirmó. Aplausos.

Bien hecho por el gobernador Roberto Sandoval en conseguir de la Federación millonarios recursos para la atención a los damnificados y para los trabajos de desazolve del río Mololoa, pero sólo que el mandatario, igual que sus funcionarios, reaccionan cuándo ya sucedieron las cosas, no hay medidas de prevención máxime cuando de antemano se conocen las zonas de conflicto. Pareciera que son de lento aprendizaje. ¡Dios nos libre!

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