Tepic, Nayarit, jueves 20 de febrero de 2020

La explotación de los científicos

Octavio Camelo Romero

30 de marzo de 2015

Las revistas científicas nacieron a mitad del siglo XVII con el propósito de divulgar los resultados de los experimentos o de las investigaciones, de comunicar las innovaciones teóricas, las invenciones y los datos meteorológicos de las ciencias del momento. Las revistas históricas fueron Le Journal des Savants de la Academie de Sciences de Paris y Philosophical Transactions de la Royal Society of London. La comunidad científica contaba solamente con estos medios de comunicación para su intercambio de experiencias. Desde ese entonces la necesidad objetiva de la intercomunicación científica impacto en la creación nuevas revistas de publicación periódica. Al principio fueron los círculos científicos, las comunidades académicas y los centros educativos los que generaron sus propios medios de divulgación. Posteriormente conforme el capitalismo se desarrollaba fueron los centros industriales los que crearon sus instancias científicas de investigación y de divulgación, con cargo a sus costos de producción. Más tarde, conforme crece el requerimiento de la comunicación de los resultados de la investigación científica surgen las editoriales especializadas en la edición de revistas científicas. A partir de ese momento son las editoriales comerciales las encargadas de la selección, revisión y edición de los artículos enviados por los investigadores para posteriormente comercializar su divulgación. Al principio se hacían circular las revistas científicas a través de las bibliotecas de las instituciones académicas para que de allí llegaran a las comunidades científicas. En los inicios el costo de la edición de las revistas era absorbido por instancias políticas y académicas. Posteriormente la venta de las revistas se constituyó en la fuente de financiamiento de la edición. Pero al paso del tiempo los propios investigadores pagaban y pagan a las editoriales la publicación de sus artículos. Paralelamente a este proceso surge otro en el cual las organizaciones académicas y empresariales han recogido, analizado y clasificado el cúmulo de revistas y han generado bases de datos en las diferentes áreas del conocimiento.

Otro aspecto de la divulgación científica surge con la aparición del Internet. Desde 1990 el impacto de la nueva forma de comunicación sobre las revistas científicas ha hecho que por un lado aparezcan las revistas científicas en línea y por otro que las revistas de edición tradicional entren en crisis. El Internet está cambiando los patrones de comunicación entre los científicos así como su estilo de trabajo. La edición electrónica supone la aparición de nuevas formas de comunicación de contenidos, nuevos formatos, nuevos papeles para los distintos actores que intervienen en torno a las revistas científicas electrónicas. De acuerdo con la clasificación por áreas del conocimiento se clasifican los artículos científicos atendiendo a los resúmenes y a las palabras claves. El capital ya no tiene necesidad de contar con sus investigadores privados si tiene a su disposición a toda la comunidad de investigadores del planeta. Si le interesa alguna nueva tecnología o algún nuevo conocimiento, basta con buscar en línea en el área correspondiente y bajar el artículo. Allí viene detallado el procedimiento que se utilizó en la investigación para replicarlo si el capital lo cree conveniente. Ya no tiene que pagar una obesa plantilla de científicos para innovar su tecnología. Las universidades del mundo ponen a disposición de los intereses del capital a sus investigadores. Y serán los propios investigadores los que pagarán la publicación de sus artículos. O sea, el capitalismo global ha globalizado y englobado la explotación de los académicos y de los investigadores del mundo. La UAN no ha comprendido esta faceta del desarrollo del capitalismo y por eso no ha impulsado la investigación hasta el nivel del requerimiento del capital transnacional. Como dice el dicho: renovarse o morir. En fin.

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