Tepic, Nayarit, lunes 24 de febrero de 2020

Lo que mal comienza mal acaba

Octavio Camelo Romero

24 de Enero de 2016

Las “bolsas globales” del planeta Tierra tienen un inicio de año 2016 catastrófico. Su pérdida es equivalente a la mitad del valor del PIB de Estados Unidos, 16 billones o millones de millones de dólares según datos del Banco Mundial. Según los analistas “la carnicería financiera en los mercados de valores en las primeras semanas del año marcó el peor inicio desde 1928.” Esta situación crítica de gran pérdida acumulada en las acciones que cotizan en bolsas o en los mercados, provoco que “los inversionistas y gestores de fondos” se orientaran a los bonos de gobierno para colocar en ellos una considerable cantidad de dinero. La diferencia entre estos bonos y las acciones es que los primeros pagan una renta fija pero segura mientras que el valor de las acciones se mueve día a día dentro de la incertidumbre de una gran recesión de la economía mundial. Para muchos analistas el capitalismo global pasa por el momento más grave desde la gran depresión de 1929. Lo que está aconteciendo en el mercado de valores no está desvinculado del desplome de los precios del petróleo y de las materias primas, de la devaluación de las monedas de los países emergentes frente al dólar, del  aumento de las tasas de interés de la Reserva Federal norteamericana, de la desaceleración de la economía china, cuyo crecimiento en 2015 fue de 6.9 por ciento, el más bajo en 25 años, del poco crecimiento de la economía de EE.UU, del estancamiento de la economía japonesa, etc. Y tal situación crea los temores de que el capitalismo global desemboque en una recesión cuando a estas fechas todavía no se han superado los efectos de la recesión iniciada en 2009. Con todo esto en Wall Street no se descarta una recesión mundial para el próximo año.

Ante tal situación, el capitalismo mexicano se verá impactado por el deterioro de las condiciones de existencia del capitalismo mundial. Sin embargo, están creadas las expectativas formales para que ese gran capital ocioso que se encuentra deambulando en el planeta encuentre varios destinos de inversión en el territorio mexicano. Si bien es cierto que las contradicciones sociales entre el “capital y el trabajo” se han agudizado, también es cierto que ellas son una condición existencial para la acumulación o la reproducción ampliada del capital. De manera inmediata tenemos regiones donde la mano de obra es “altamente competitiva” en precio con otras fuerzas de trabajo de otras latitudes del planeta. Sin embargo existe una desventaja, la desventaja de la cualificación. Pero este rublo no sería problema si se atiende a la creación de programas y de talleres formativos y educativos de la mano de obra según los requerimientos de la inversión del capital. De otra manera sucedería algo semejante a lo que aconteció en algunos países latinoamericanos de que su juventud salió masivamente a capacitarse al exterior. Desde luego que esto no está mal, solamente que si aquí en el país se reconfiguraran los planes y programas de estudio y de formación profesional y científica, indudablemente que los jóvenes mexicanos tendrían mayor posibilidad de acceso a ellos que el salir al exterior en busca de los mismos. En fin.

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