Tepic, Nayarit, jueves 20 de febrero de 2020

El asesino de Trotsky fue Stalin a través de Ramón Mercader

Octavio Camelo Romero

15 de Agosto de 2016

Para mi habían sido un misterio las circunstancias, los escenarios del asesinato de Trotsky. Sin embargo cuando cayó en mis manos la novela “El hombre que amaba a los perros” de Leonardo Padura tuve la oportunidad de retroalimentar mi visión, no solo sobre Liev Davídovich (a) Trotsky, sino también sobre el país de los Soviets después de Lenin, sobre el Partido Comunista de la Unión Soviética y los demás partidos comunistas del mundo, sobre Stalin, Jrushchov y Brézhnev, etc. Entendí la masacre estaliniana realizada en todo el mundo y me explique muchos fenómenos, incluso vivencias mías de cuando estuve estudiando en Moscú. La novela de Padura tiene un alto contenido histórico y devela muchos misterios del pasado e incluso del presente.

Surge una interrogante natural con la lectura: ¿Cuáles fueron las causas o motivos esenciales por los cuales Stalin realizó la matanza de humanos más grande que se haya realizado en el mundo? Y una derivación del cuestionamiento es: ¿Qué instrumentos, estrategias, tácticas utilizó para el exterminio de los humanos?

Indudablemente que en las profundidades de sus sentimientos, Stalin poseía y sentía un escalofriante “miedo”. Miedo a que alguien descubriera sus debilidades; miedo a perder los niveles de “poder” que iba conquistando; miedo a que se descubrieran sus maniobras políticas; miedo a compartir el “poder”; en fin, miedo a todo. Las distintas manifestaciones de su miedo lo llevaron a matar a los viejos revolucionarios que junto con Vladimir Ilich (a) Lenin habían hecho posible el “país de los soviets”, a matar a quienes le habían ayudado a exterminar a los amigos de Lenin, a matar a quienes desobedecieran sus indicaciones o a quienes resultaran ineficaces en la ejecución de sus mandatos, etc. A partir de haber usurpado el lugar de Lenin en la construcción de la Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas, URSS, Stalin centraliza todo el poder soviético en él y extiende su poderío al mundo a través de los partidos comunistas de los demás países. Trotsky que había sido “cofundador” del “socialismo soviético” al lado de Lenin representaba una amenaza real para la permanencia de Stalin al frente del país de los soviets. Por lo tanto había que exterminarlo. Pero para tal propósito había que exterminar primero su autoridad moral y su prestigio como revolucionario. De allí surgió la campaña de desprestigio que a nivel mundial se desplegó con apoyo de los partidos comunistas de todo el mundo, incluyendo al partido comunista mexicano. El trotskismo se satanizó y se le caracterizó como una corriente antisoviética vinculada al fascismo que pretendía apoderarse del país de los soviets para aniquilar al “socialismo soviético”. Una vez logrados los objetivos de la “campaña”, el siguiente propósito era el exterminio físico de Trotsky. Para ello se construyeron varios “comandos”, uno de los cuales fue constituido por militantes del partido comunista mexicano bajo la dirección del muralista David Alfaro Siqueiros y otro, por el español Ramón Mercader del Rio quien en una acción solitaria da muerte a Liev Davídovich Trotsky. Ramón Mercader del Río nació en Barcelona en febrero de 1913. Fue hijo de un fabricante burgués de la Ciudad Condal y de una mujer cabecilla de una célula terrorista que fue internada en un manicomio después que hizo explotar una bomba en la fábrica de su esposo. Primero su madre y después él fueron reclutados por la internacional policía secreta del “país de los soviets”. Y después de pasar varias pruebas, fue llevado a Moscú para recibir adiestramiento militar y psicológico. Su capacitación le permitió mudar de personalidad las veces que fueran necesarias y manejar con cierto dominio varios lenguajes. En Moscú formaron a un sujeto que física y mentalmente estaba diestro  y preparado para matar a Trotsky. Después del fallido intento del comando de los comunistas mexicanos, Stalin da la orden de que Ramón Mercader entre en acción. Y fue así como tras  varios preparativos el brazo ejecutor de Stalin con la careta de hombre belga llegó al despacho de Trotsky y lo mató. En fin.

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