Tepic, Nayarit, viernes 20 de setiembre de 2019

2 de octubre y otras fechas ya no se olvidan

Sergio Mejía Cano

03 de octubre de 2016

Mucha gente sigue recordando y diciendo “2 de octubre no se olvida”, y hay quienes le agregan las palabras “ni perdón ni olvido”; sin embargo, ¿habrá algún día en que esta fecha ya no se recuerde? Es probable que no, porque a esta fecha memorable que es posible que ya jamás se olvide por ser considerada por muchos como una fecha histórica y otros hasta se atreven a decir que ha sido un parteaguas en la historia reciente de nuestro país, y ahora se le han agregado otras fechas más.

Y posiblemente se le sigan agregando más y más otras fechas que ya no se aparten del pensamiento colectivo como el 10 de junio de 1971 en que ocurrió una matanza también de jóvenes estudiantes en el llamado fatídico “jueves de Corpus”; el 28 de junio de 1995 por los sucesos de Aguas Blancas, en el estado de Veracruz, o los hechos ocurridos en Acteal, Chiapas el 22 de diciembre de 1997 o los más recientes y que cada día que pasa está cobrando más fuerza el reclamo de que se aclaren de bien a bien qué pasó aquella vez el 30 de junio en Tlatlaya, estado de México y el 26 de septiembre del 2014 en Ayotzinapa, Guerrero, respectivamente; y desde luego que se informe a la opinión pública todo lo relacionado a lo que se le dio en llamar en los años 60 y parte de los 70 del siglo pasado como “la guerra sucia”, para bien tanto de las buenas como de las malas conciencias.

Es muy probable que con la impunidad latente con la que se han cobijado infinidad de hechos delictuosos de todo tipo, en donde entran hasta los de cuello blanco, el momento sea propicio para que se sigan cometiendo actos de barbarie que no se lleguen a investigar debidamente dejando a la sociedad a que saque sus propias conclusiones, y esto desde luego no es nada bueno para las autoridades gubernamentales, por el consabido dicho de que piensa mal y acertarás, y he aquí lo malo, ya que la percepción de gran parte de la opinión pública tiende a inclinarse a que si no se investiga a fondo es porque se trata de ocultar algo o a personajes que se consideran intocables, aunque se pregone constantemente que en México nadie está por encima de la ley.

Sin embargo, quizás el pensamiento popular ya sea muy difícil que cambie debido a que podría ya estar infectado de un escepticismo crónico por tantas mentiras mediáticas que las mismas autoridades gubernamentales se han encargado de difundir; así, que aunque en determinado momento se llegue a decir honestamente lo que verdaderamente ocurrió en algún hecho de lesa humanidad, mucha gente seguirá incrédula, y lo peor es que si se llegara a comprobar que es verdad lo que se está informando, la sociedad inconforme ya de siempre, pedirá entonces que se aclaren otros asuntos que están en el limbo de la justicia, pues por lo regular así somos la mayoría de los mexicanos que en determinado momento queremos todo o nada, es decir, la verdad absoluta o que sigamos engañados en una serie de cuentos y mentiras que a unos reconfortan y a otros los incita a seguir pensando mal de todo y de todos.

Pero volviendo a los sucesos del 2 de octubre (no se olvida), hay personas mayores que despotrican en contra de los que se pronuncian por esta fecha, aduciendo que muchas de las personas que gritan y se manifiestan ya no saben qué es lo que no se va a olvidar, qué fue lo que sucedió en realidad en esa fecha y que nomás por hacer la mosca chillar andan gritando que el 2 de octubre no se olvida; sin embargo, ¿acaso muchos de nosotros sabemos en realidad qué pasó la madrugada del 16 de septiembre de 1810? ¿Qué sucedió en 13 de septiembre de 1847 en el Castillo de Chapultepec y si en realidad Juan Escutia se aventó desde una de sus torres envuelto en al lábaro patrio? ¿O sabemos a pie juntillas lo que en realidad pasó en todas esas fechas históricas que tan bien han acomodado a modo para hacernos resaltar el espíritu patriótico? Así que con el tiempo tal vez se tergiversen aún más los acontecimientos del 2 de octubre y otras fechas memorables que en cierta forma han marcado a muchos de nosotros y más a los familiares de los caídos en esas fechas que tendrán que ir contando a sus descendientes cuando pregunten qué pasó con sus ancestros.

Es obvio que como siempre, la historia la hacen los vencedores, pero en los casos recientes en nuestra depauperada nación no ha habido vencedores, sino puros vencidos, porque de una u otra forma todos los mexicanos hemos perdido mucho de nuestra idiosincrasia y forma de pensar positivamente cuando lo negativo ha triunfado sobre la sensatez.

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