Tepic, Nayarit, martes 28 de enero de 2020

Fuerza de trabajo productiva con necesidades de educación básica nos regresa USA

Octavio Camelo Romero

27 de Febrero de 2017

De conformidad con las disposiciones de la legislación mexicana, la educación básica contempla la educación desde preescolar hasta la preparatoria. Esto implica que en condiciones normales, para tener un trabajo formal se deben de acreditar los estudios del bachillerato. De suyo estas exigencias se vuelven un problema, con la llegada de los connacionales repatriados por el gobierno norteamericano de Donald Trump. Los mexicanos devueltos por las políticas antiinmigrantes de los Estados Unidos de América cuentan con una edad que fluctúa entre los 30 y 44 años, o sea, son adultos jóvenes en plena edad de laborar. Y de acuerdo a un estudio de la Secretaría de Gobernación el 9.7 por ciento de ellos contaban con estudios superiores, 22.7 por ciento concluyeron la preparatoria y 35.5 por ciento la secundaria y el 32.1 sólo tiene la primaria completa o inconclusa, o ningún grado de escolaridad o sea, el 67.6 por ciento no cuenta con los estudios básicos para integrarse a un trabajo formal. Tomado como muestra este grupo de repatriados, y haciendo una predicción, se puede decir que más de la mitad de los repatriados requerirán iniciar y/o concluir sus estudios básicos, en el entendido que requerirán programas especiales dado que la mayoría son adultos jóvenes.

El otro problema que se presenta es el de la seguridad social, pues la mayoría son mexicanos sin acceso a la seguridad social en su tierra natal. Muy pocos cuentan ahorro para el retiro. Visto de otra manera, el 60 por ciento estaba inscrito únicamente al Seguro Popular. Más aún, poco más de la mitad trabajaban de empleados u obreros. Por otra parte, el 86.6 por ciento de los mexicanos que emigran van a Estados Unidos, sólo 2.4 por ciento va a Canadá, el 1.8 a España y el 9.2 a otro país. El objetivo de casi 90 por ciento de los emigrantes es buscar un trabajo, aunque en el caso específico de las mujeres, 37.6 por ciento dijeron que iban a Estados Unidos a laborar, 13.6 por ciento a estudiar, 36.8 por ciento para reunirse con familiares y 2.2 por ciento huían de la inseguridad o la violencia.

Los emigrantes son fundamentalmente originarios de cinco entidades: Michoacán, Guanajuato, Ciudad de México, Jalisco y San Luis Potosí, en ese orden. El último estado en que radicaban antes de emigrar al vecino país del norte fue Guanajuato con el 10.7 por ciento, Michoacán con el 10.1, estado de México con el 6.3, Jalisco con el 5.6 y San Luis Potosí con el 5 por ciento de los migrantes.

Ante esa radiografía que nos proporciona la Secretaría de Gobernación, evidentemente que el gobierno de la República debe preocuparse porque si devuelven a los millones de mexicanos que radican y trabajan en la Unión Americana, en el país se generará un desequilibrio social de proporciones insospechadas. Esa alianza estratégica y necesaria entre los empresarios, los inversionistas y el gobierno de México puede ser una buena salida a la situación crítica que se pudiera tener como consecuencia de la aplicación de las políticas de Donald Trump. Sin embargo, al trumpismo habrá que verlo como la oportunidad no solo para incursionar en los mercados europeos, sino también para penetrar el mercado asiático, fundamentalmente el mercado chino. En fin.
 
 

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