Tepic, Nayarit, miércoles 29 de enero de 2020

El gobernador Roberto Sandoval, precavido

Oscar González Bonilla

26 de Abril de 2017

Puede decirse que fue provechoso el día al sostener tres encuentros la mar de interesantes. Primero reunión para afinar detalles sobre la calificación del premio estatal de periodismo y acto de premiación, luego con el añoso Raúl Guillén con muy cautivadoras historias del viejo Tepic y al final con el doctor José Luis David Alfaro, director general, entre otros periódicos, de Meridiano de Nayarit.

En los muchos acuerdos, se estableció el de esta ocasión publicar en un folleto –obra impresa que no constituye un libro- los trabajos premiados y otros que reciban mención especial por parte del jurado calificador del premio estatal de periodismo en sus ocho géneros. Será una novedad de los últimos años.

Se dispuso por los asistentes a esta junta la realización del acto de premiación en el hotel de Tepic donde se ha efectuado en años anteriores, pero esta vez a las 11:00  como horario de inicio del 3 de mayo del presente año, Día Mundial de Prensa. A los ganadores se entregarán premios consistentes en diploma y estímulo económico de 155 salarios mínimos.

El gobernador de Nayarit, Roberto Sandoval Castañeda, esta ocasión no asistirá a la ceremonia de entrega por razones de la veda electoral. Es casi seguro nombre su representante a Jorge Armando Gómez Arias, titular de la Secretaría General de Gobierno.

Vino entonces la plática con don Raúl Guillén, hoy conocido como “Pintoreto”, hombre de 89 años de edad, cargado de vivencias. Como en muchas otras ocasiones, en lo corto, cuando va de salida del café Diligencias de la capital nayarita, me dio a conocer la versión siguiente sobre el viejo Tepic.

Para comenzar cuenta que en 1935 la avenida México al norte llegaba hasta la calle Bravo. Allí topaba con una finca de un señor de apellido Ceceña, quien era un poderoso hombre acaudalado. Se echó abajo para dar paso a la rúa, entonces el río  se cruzaba por medio de vigas debidamente colocadas para que las personas transitaran hacia la colonia Mololoa que empezaba a constituirse.

Cerca de Catedral, también por la avenida México se hallaba lo que él señala hemiciclo a Juárez, por tanto la calle que allí desemboca llevaba el nombre del benemérito, pero después cambió a Amado Nervo. Lo curioso es que en ese sitio la estatua de Benito Juárez tenía sombrero, pero al ser cambiada al lugar donde hoy se encuentra –avenida Juárez- apareció sin sombrero. “Se lo quitaron”, expresa don Raúl.

También me habló de una anécdota del gobernador Gilberto Flores Muñoz sobre la ampliación de la avenida México en Tepic, pero eso lo relataré en otra ocasión. Todo esto que te platico lo escribí en un libro, manuscrito, me dijo. Véndame uno, le solicité. No tengo, fueron pocos y los repartí entre familiares y amigos hace años, fue su respuesta. Son cosas que viví, que yo me enteré. Tengo 89 años, y todavía me aviento una que otra vieja. Riendo se encaminó a la salida con portafolio en la mano derecha.

La mayúscula sorpresa fue cuando vi llegar solo al doctor José Luis David Alfaro. Y de esa proporción fue la alteración emocional, porque día anterior un amigo en común me platicó que este exitoso empresario de medios estaba enfermo, postrado en su casa de Ciudad del Valle, atacado por la diabetes.

Muchos me quisieran muerto, hasta tú, me espetó el doctor en medicina humana. Te equivocas, yo a nadie le deseo la muerte. Es que tú siempre me has odiado. Tampoco, no tengo razón para ello. Somos compadres, de grado, dijeran en mi rancho.

Cargaba una bolsa con chicharrones y carnitas, pero además un bote de cerveza. Tomó asiento y empezó a devorar el grasoso alimento al tiempo que se lo bajaba con tragos de cerveza. Comía como Cosaco cuando a la mesa arribó el Oculista Arturo Camarena Flores. Luego se agregaron otros para la foto y en el acto se retiraron.

Alfaro negó estar enfermo. Hoy es el más feliz de la vida. Argumentó que por lo regular cuando van a buscarlo a su casa, pide digan a la visita que está malo para quitárselos de encima. Para ello ya estaba en el lugar Guillermo Aguirre, quien de inmediato le entregó un engrapado sobre blanco. Alfaro lo rompió y extrajo un fajo de billetes de a quinientos.

Recordamos nuestra amistad en la escuela primaria “Gabriel Leyva” de Tepic, a donde él llegó procedente del Colegio Cristóbal Colón para cursar el sexto año. También nuestra estancia en la Ciudad de México para en la UNAM realizar estudios profesionales, él de Medicina y yo de Economía. De nuestras hambreadas cuando en Camargo 10, colonia Condesa, habitamos casa prestada a un grupo de estudiantes nayaritas por su propietario Sergio “El Chivo” Naya (qepd).

Variopintos fueron los temas por más de dos horas. Desistí la invitación para continuar el parloteo en el bar Don Toño, a donde se encaminó el doctor José Luis David Alfaro ya en compañía de su palafrenero Guillermo Aguirre.

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