Tepic, Nayarit, jueves 21 de noviembre de 2019

¿Hacia a dónde vamos? más de lo mismo

Manuel Aguilera Gómez

31 de Mayo de 2017

Desalentados por los previsibles resultados electorales, las  difíciles relaciones con el gobierno norteamericano y la manifiesta incompetencia gubernamental, un grupo de estudiantes me preguntó como advertía el futuro previsible de nuestro país. Esta fue mi respuesta.   

a) Seguiremos siendo altamente dependientes de las tecnologías importadas, gestadas en respuesta colateral a intereses bélicos. La evolución de la tecnología apunta hacia el progresivo ahorro de mano de  obra en actividades inimaginables hace algunos años. En general, los sistemas robotizados (y de inteligencia artificial) se irán extendiendo con una velocidad insospechada. Pronto aparecerán los taxis sin conductores humanos e innumerables aparatos de uso doméstico robotizados; artículos elaborados con nuevos metales sintéticos; la nanotecnología, la genética, los sistemas de acumulación de energía eléctrica y otros más cambiaran la forma de vida de los ciudadanos.

b) El envejecimiento progresivo de la sociedad mexicana invertirá la pirámide poblacional. En el presente el 11% de la población tiene una edad de 60 años y más; la próxima generación, a mediados del siglo, el 23 % de la población estará compuesta por adultos mayores de los cuales sólo cuatro de cada diez tendrá un ingreso proveniente de su raquítica pensión; el resto estará condenado a vivir de los ingresos y de los cuidados de sus familiares, lo que se traducirá en la presencia de 15 millones de ancianos deambulado por las calles en solicitud de una caridad; los asilos y los hospitales públicos serán insuficientes. Otros desfallecerán en su soledad y el abandono.

c) La tendencia a la monopolización económica es una fuerza inherente del capitalismo. En el terreno de las realidades, las disposiciones legales anti-monopolios dictadas en los países altamente industrializados no han podido –ni podrán—contrarrestar esta tendencia. Seguirá imponiéndose la competencia  oligopólica, la competencia entre grandes corporativos. Se ha pretendido definir la economía del futuro como “la ciencia de domar empresas poderosas” según la peculiar expresión del profesor Tirole, premio Nobel de Economía (2014). Sin embargo, es una lucha perdida. Los conglomerados económico-financieros proseguirán constituyéndose y operando en el mercado, por encima de la voluntad de los acólitos de la competencia perfecta. ¿Acaso se va a derogar todo el entramado jurídico universal concerniente a las patentes, marcas e innovaciones comprendidas en el capítulo genérico de la  propiedad intelectual en poder de grandes firmas trasnacionales que constituyen el corazón mismo de las actividades monopólicas?  

d) Con la anuencia pasiva de los gobiernos nacionales,  persistirá el deterioro progresivo del poder de negociación de los sindicatos, máxime cuando el mercado de trabajo empezará a mostrar signos de cambios radicales en su composición mediante fórmulas de trabajo parcial, de trabajo contingente, trabajo estudiantil en profesiones de elevada calificación y trabajo en el domicilio.   Los jóvenes más calificados recibirán oportunidades de empleo en el exterior y seguirá creciendo la economía informal. Además, se antoja inevitable la tendencia hacia la disminución de la jornada de trabajo como está ocurriendo en las economías desarrolladas ahora interesadas en buscar formulas para encauzar provechosamente el ocio social.

e) Ante la pertinaz y vigorosa aversión del sector privado a pagar tributos más elevados, el Gobierno continuará operando sobre bases financieras muy precarias. Serán día con día más evidentes sus insuficiencias tanto en el ámbito de las labores administrativas como en la operación de los servicios públicos, incluidos los de seguridad, en un marco generalizado de la informalidad económica.

f) Lejos de diezmarse, la influencia de las actividades financieras se profundizará con la connivencia entre la banca de depósito y la banca de inversión. La fuga de capitales seguirá siendo el principal instrumento de presión política del sector empresarial.

g) Las marcadas diferencias en los niveles de vida entre los países desarrollados y los del Tercer  Mundo seguirá estimulando la migración hacia países Europeos y de Norteamérica. La frontera mexicano-norteamericana, en tanto receptora de esas corrientes provenientes de América Latina, se convertirá en un área de aglomeración de refugiados involuntarios.

h) Como expresión de la crisis del federalismo y la debilidad del poder federal, la criminalidad seguirá azotando la seguridad en perjuicio de la vida y el patrimonio de los mexicanos.  

Por encima del partido triunfante en las elecciones, estas tendencias persistirán en tanto no se fortalezca el papel del Estado Nacional. Más de lo mismo.

Manuel.aguilera.gomez@gmail.com

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