Tepic, Nayarit, lunes 24 de febrero de 2020

Pisando terrenos pantanosos

Sergio Mejia Cano

10 de Abril de 2018

Una frase muy conocida por la mayoría de la gente es la de que el pez por su boca muere, y desde luego que mucha razón tiene lo que dice, porque infinidad de personas a lo largo de su vida se han ahorcado por sí mismas al emitir palabras que después los aplastan.

Según varios analistas y pueblo en común, una expresión que le tumbó muchos puntos a Andrés López Obrador (AMLO) en la campaña para la Presidencia de la República del periodo 2006-2012, fue aquella de “ya cállate chachalaca”, refiriéndose al entonces presidente Vicente Fox Quesada, debido a su descarada intromisión en los comicios electorales en los que por ley, ecuanimidad, equidad y dignidad debió haber permanecido al margen; y si bien se dijo en su momento que bien merecía estas palabras Fox Quesada, a quien le faltó el respeto en sí AMLO, no fue precisamente a la persona, sino a la investidura presidencial que representaba don Vicente.

AMLO ha puesto a pensar a buena parte del electorado por no definirse abiertamente sobre su posición respecto al aborto y los matrimonios entre personas del mismo sexo, pues cada vez que se le cuestiona al respecto, se sale por la tangente aduciendo que se tendrá que hacer una consulta ciudadana, y si bien se le pregunta que a título personal  que piensa de esto, responde con lo mismo: que se tendrá que hacer una consulta y supuestamente él se inclinará por lo que digan las mayorías, pues se le debe de dar cabida a todas las formas de pensar y que por eso, su plataforma política está compuesta por toda clase gente e ideologías.

En mi concepto particular, AMLO me puso a pensar respecto a su comportamiento ambivalente desde que cedió en comodato un terreno aledaño a la Basílica de la Virgen de Guadalupe, en donde varios analistas se preguntaron el porqué ceder así como así ese terreno a la alta Jerarquía Católica en donde, se dijo en su momento, quien más usufructo ganaría en forma personal sería el Cardenal Primado de México Norberto Rivera Carrera, hecho que posteriormente se documentó en algunos medios de circulación nacional, en donde se informaba sobre las enormes ganancias que estaban generando una serie de nichos que vendían a perpetuidad o en forma temporal para que los fieles depositaran ahí las cenizas de sus seres queridos al haberlos cremado; y, según se ha mencionado siempre: sin pagar ni un solo cinco de impuestos.

Pero de nueva cuenta, AMLO ha soltado una frase que bien podría volver a poner a pensar a más de uno de sus seguidores. Y es que con su cuento de que de ganar interrumpiría la construcción del nuevo aeropuerto por estar siendo construido en donde había estado el lago de Texcoco y por lo tanto, ser un lugar acuoso, pantanoso y proclive al hundimiento constante, y resaltando a cada momento en que tenía oportunidad que el lugar no es viable para hacer lo que se está haciendo, que ahí está el aeropuerto de Santa Lucía que se podría ampliar o mejorar el aeropuerto actual adecuándolo a los nuevos tiempos.

Sin embargo, recientemente se ha desdicho al mencionar ante los medios después de haber estado presente en el lugar en donde se construye el nuevo aeropuerto dando fe de lo frágil de los terrenos y dando pelos y señales de todas las anomalías  que esto conllevaría, que si lo convencen de que todo está bien diseñado y es factible la construcción ahí de la nueva terminal aérea, cedería en sus pretensiones de interrumpir su construcción.

Entonces ¿en qué quedamos? Sí o sí sería la cuestión, porque aquí se pone en evidencia y le da la razón a sus detractores que no es más que una Chimoltrufia más que cuando dice una cosa, dice otra, porque se supone que para haber afirmado que un aeropuerto en esa zona del antiguo lago de Texcoco no era viable, pues se entiende que debió haberse sostenido en lo dicho, y no ahora salir con que si lo convencen. Porque con esto da a entender que no estaba muy convencido de lo que decía y sostenía de que esa zona no era viable para un aeropuerto.

Ser o no ser, decía William Shakespeare, y al parecer AMLO ya no está tan seguro de lo que pensaba primeramente sobre la construcción de la nueva terminal aérea, porque espera que lo convenzan. Y lo malo es que ¿cómo lo podrían convencer? Porque ya mucha gente e incluso grupos de ingenieros le tomaron la palabra y comenzaron a investigar por su cuenta sobre la calidad del terreno del lago de Texcoco y que llegaron a la conclusión de que es obvio que es un terreno fangoso y susceptible de hundimiento, y ahora AMLO los ignora.

Sea pues. Vale.

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