Tepic, Nayarit, viernes 18 de octubre de 2019

Se perseguirán las facturas falsas

Sergio Mejía Cano

18 de Septiembre de 2019

Por lo visto, al parecer la reforma fiscal que contempla penalizar el uso facturas falsas y que se creen empresas fantasmas está pisando callos porque en cuanto se supo de esto no tardaron las protestas en contra de esta reforma. Lo curioso es que no nada más están protestando empresarios o comerciantes que tal vez más de una ocasión hayan utilizado facturas apócrifas con algún fin, sino que también hay incomodidad en algunos legisladores de diferentes partidos políticos.

Esto de la facturación falsa desde luego que no es una cosa nueva, sino que se ha llevado a la práctica desde hace muchos años, lo que pasa es que en los últimos sexenios se incrementó esta práctica, de ahí que haya resquemor en ciertas personas porque  casi se podría decir que se hizo una costumbre el uso común de facturas falsas y desde luego la aparición de empresas fantasmas de las que se ha documentado sobre todo en el conflicto de la llamada “estafa maestra” por la que está encarcelada la señora Rosario Robles Berlanga.

Anteriormente cuando se pedía una factura en algún negocio o empresa, esta se podía elaborar a mano o en máquina de escribir; sin embargo, cuando llegó la digitalización por la era cibernética, todo cambió, ya que desde el sexenio anterior se exigió la facturación mediante el nuevo sistema de computación, por lo que ya no se pudieron expedir facturas hechas a mano o en máquina; ahora todo es digital. Con el sistema anterior obviamente a cualquier factura se le podía poner lo que el cliente o el empresario quisiera con tal de aminorar el pago de impuestos o hacerlos deducibles según fuera el caso; pero con este nuevo sistema, la práctica anterior se hizo más difícil.

Cuando ya se tuvieron que dar facturas computarizadas, le pregunté a un contador si con este nuevo sistema ya no se podrían satisfacer ciertas exigencias de algunos clientes o que una empresa o negocio acomodara sus ingresos y egresos de tal manera que paliara un poco los gastos. Dicho contador me comentó que al principio sí estuvo un poco difícil, pero que como para todo hay maña, no faltaron los conocedores de los sistemas cibernéticos que pronto encontraron cómo hacerle y pues, se corrió la voz de que había ciertos recovecos y puntos ciegos en la exigencia de la Secretaría de Hacienda, por lo que en cuanto se acomodó todo, siguió otra práctica pero casi similar a la anterior facturación, de ahí que ahora en esta nueva administración se hayan prendido los focos rojos y puesto atención en ver en dónde están esas fallas.

Mucha de la gente que se incomodó por esta nueva disposición, entre sus pretextos en contra de esta persecución respecto a las facturas falsas, señalan que podrían resultar afectados comerciantes o personas que por alguna razón alguien les dé facturas mal elaboradas; claro que es un vil pretexto baladí, por cierto, porque el hecho de facturar falsamente ya es en sí un delito.

Entonces, es posible que la investigación se base primeramente en detectar a quien facturó falsamente y posteriormente a quien recibió este tipo de facturas e investigar si quien recibió una factura mal hecha, fue a petición de quien la recibió o por sugerencia de quien la elaboró. Así no hay pierde. Porque queriendo hacer bien las cosas, claro que se podrían hacer, el caso sería tener que caminar derechos tanto quienes expiden facturas como quien las recibe.

Y respecto a que esto de las facturas falsas ya tiene muchos años de llevarse a la práctica, es porque por ejemplo cierta vez en 1972 cuando un servidor trabajaba en las oficinas del ferrocarril en la ciudad de Guadalajara, tomé una vacante como mensajero en el Departamento de Compras, y al llevar unos papeles de un escritorio a otro, me fijé que eran facturas y en la que iba encima de las demás vi que decía: “Guantes de piel precio unitario $4.69”, por lo que le dije al señor que le entregué esos papeles que estaba mal el precio, pues en una tlapalería que estaba cerca de mi casa los guantes como los que le daban a mi papá costaban $2.50, el señor ese me llamó la atención de por qué andaba viendo lo que no me interesaba y me arrebató violentamente dichos papeles. Y tan, tan, se me acabó esa vacante de mensajero en el Departamento de Compras porque al día siguiente me dijeron que estaba relevado, pues era oficinista extra.

Y me di cuenta y expuse lo que dije porque mi papá era trenista y cada cierto tiempo le daban guantes para el servicio y siempre le daban guantes de carnaza y que costaban $2.50 y no $4.69.

Sea pues. Vale.

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