Tepic, Nayarit, domingo 05 de julio de 2020

Revisar mochilas fuera de casa no es la solución absoluta

Sergio Mejía Cano

15 de enero de 2020

Pues vaya que ha estado haciendo mucho ruido mediático el trágico suceso ocurrido en un colegio en la ciudad de Torreón, Coahuila, en que un menor de casi 12 años de edad haciendo disparos con al menos dos armas de fuego, le quitó la vida a una profesora e hirió a otros cinco alumnos, terminando por suicidarse.

Un lamentable hecho sin duda; sin embargo, volvió a despertar una medida que prácticamente se había archivado, y que es precisamente el mentado programa de “mochila segura”, tema que de inmediato volvió a polarizar a parte de la sociedad por estar una parte a favor y otra en contra con la que en forma particular me inclino más, porque desde luego que son las mentes más dictatoriales las que se pronuncian porque se deben de revisar las mochilas de los escolares, sin tomar en cuenta el derecho a la intimidad. Obvio que el pretexto es dizque por la seguridad tanto de los estudiantes como de los docentes y el plantel escolar en su conjunto; sin embargo, coincido con las voces que señalan que esta podría no ser la medida más adecuada, a menos que se quiera generar una especie de autómatas que sin chistar ni protestar acepten que se les revisen por ahora sus mochilas, pero en el futuro que sin decir nada acepten que se les esculquen sus carros, sus casas y pertenencias en general, contraponiéndose esta solución más en tiranía que en proteger la seguridad, pero sobre todo los derechos humanos tanto de niños como de adultos en sí.

Ya lo han dicho hasta la saciedad infinidad de analistas y gente versada en el comportamiento humano que todo está en el interior del hogar y no a la entrada de las escuelas. Que es la atención de padres y madres de familia quienes deberían estar al tanto del comportamiento de sus hijos y poner especial cuidado en qué es lo que echan en sus mochilas o hasta en sus mismos bolsillos y carteras manuales, y no que gente extraña esculque e invada su intimidad revisando su mochila y demás pertenencias.

Obviamente que hay gente que dice que estaría bien que sean los papás y mamás quienes estén al tanto de lo que portan sus retoños, pero que podría suceder que en la calle alguien les dé algo de peligro y que los padres no se den cuenta de esto; pero esto ya sería relativo y de acuerdo a las amistades de cada menor; sin embargo, ni modo que un pequeño de primaria o hasta de secundaria deje que alguien más le meta mano a su mochila o que lo induzca a hacer algo fuera de orden, porque además siempre habrá vecinos o gente que vaya pasando por donde van los escolares y se den cuenta de que alguien los está entreteniendo en su camino a la escuela, aunque se vea que se conocen o que vean que el menor está inquieto con la cercanía de otra u otras personas que posiblemente quieran que ponga algo en su mochila; y si bien todo podría suceder, esto desde luego que no sería algo común.

Lo que sí es una triste realidad es que hay familias que se podrían llamar disfuncionales en que muchas de las veces el papá o la mamá no ponen mucha atención en sus hijos probablemente porque a este papá o a esta mamá tampoco les pusieron mucha atención sus padres y madres, de ahí que lo tomen como normal dejar que sus retoños hagan lo que quieran sin pensar tal vez en que sus hijos tienen problemas emocionales que no los externan frente a ellos, pero sí en la calle y escuela.

En 1976 conocí en Mazatlán, Sinaloa a una familia con varios hijos y entre estos a un niño de escasos 10 años de edad que en ese tiempo era un buen niño, pero se daba cuenta que su papá fumaba mota delante de toda la familia, por lo que al crecer a este niño también le dio por fumar marihuana debido a que se le hacía de lo más normal, tal y como se nos hace a la mayoría el tomar bebidas embriagantes porque así lo vimos desde niños entre nuestros familiares mayores. Luego, a principio de los años 80 este niño ya adolescente se volvió “cholo” influenciado por películas gringas que hablaban de pandillas a las que así se denominaban. Creció y se casó, y ahora cuentan quienes saben de él, que ahora sus hijos están siguiendo sus pasos en la misma forma, pero ahora ya no nada más fumando zacatito vacilador, sino poniéndole a otras drogas artificiales, y que al parecer esto no le importa mucho a aquél niño de mediados de los años 70, y que no le interesa si van a la escuela sus hijos o no, y si van a clases, no pone atención si estudian o no o qué es lo que llevan en sus mochilas. Así que se podría deducir que mucho tiene que ver el seno familiar.

Sea pues. Vale.

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