Tepic, Nayarit, jueves 22 de octubre de 2020

Entre locos te veas

Oscar González Bonilla

13 de septiembre de 2020

Llegar con buen tiempo de anticipación a la cita de 10:30 horas con funcionaria del Ayuntamiento de Tepic para tratar asunto particular, me dio la oportunidad de observar lo que a mi alrededor acontecía.

Tuve tiempo de sobra, puesto que la mujer que esperaba me dejó como las novias de rancho: vestido y alborotado. Debo advertir que desde temprana edad he asistido a bodas en los ranchos y en ninguna ha sucedido lo que proclama la conseja popular.

Pero mi atención fue mayor en una mujer indigente, a lo mejor afectada de sus facultades mentales, que se hallaba tirada en el piso bajo el pórtico del edificio de la presidencia municipal de Tepic. Parecía estar dormida, pero más bien descansaba de su trajinar por las calles de la ciudad, aquella mujer morena, de delgadez a la vista y de pelo negro suelto. Vestía especie de overol blanco muy sucio.

A nadie perturbaba, más bien era blanco de atención de muchas personas que por el lugar transitaban debido a su imagen de extrema pobreza que a la mayoría de ellos les da asquito. De momento se incorporó, quedó sentada con los pies descalzos al aire. Permaneció en esa postura durante minutos. Luego con rapidez se puso de pie y de entre la parte trasera de sus ropas dejó al descubierto su nalgatorio al desnudo. Sin prejuicio alguno echó a caminar sin rumbo.

En días recientes, también avenida México, casi esquina con Morelos, en la banqueta del lado poniente un hombre sí, debidamente, aturdido de sus facultades mentales, cual largo es ocupaba buen espacio siempre cubierto hasta la cabeza con cobija. Pero a los lados tenía varias bolsas llenas no sé de qué y rastros de comida. De vez en cuando se destapaba la cabeza y dejaba ver su rostro, siempre con una especie de sonrisa. Era su lugar preferido para pasar el día y la noche. Nadie lo molestaba.

Cuando voy en camión de transporte público, todos los días veo a un varón también mal de sus facultades mentales. Descubierto el torso, está sentado piernas abiertas sobre un macetero que se encuentra al lado del puente del río Mololoa, por la avenida México. Debidamente recargado sobre tronco del árbol, ingiere, al parecer, tequila en botella de plástico. Más que comer algo, bebe a sorbos. Un día de estos lo vi en la pose acostumbrada, solo que esta vez era amplia la rotura de su pantalón raído que dejaba ver en todo esplendor sus órganos genitales. Las mujeres que dieron cuenta del espectáculo, algunas sorprendidas dirigían la mirada hacia otro lugar, mientras que las más mostraban su enojo ante tal vileza. Y el tipo como si nada.

Si alguien deseara ir a comprobar lo aquí descrito por impúdico sujeto, lamento decir que la última ocasión que en el camión pasé por el sitio, el hombre viste camiseta y pantalón, si no nuevos, de medio uso que alguna persona compadecida le regaló. ¡Lástima Margarito!

Lo que en escritos anteriores he dicho: encontrarse en el centro histórico de la capital nayarita con personas como las aquí descritas es uso común. Pero a mí muy raro se me hace que la mayoría de ellas las veo por vez primera y jamás me las vuelvo a topar. ¿A dónde se irán? ¿Deambulan en colonias de la ciudad? Pero si esto último fuera, Tepic estaría lleno  de dementes. Porque cada día, al menos eso me ha correspondido observar, son siempre distintas mujeres y hombres con sus diferentes usos y costumbres.

Repito también un acontecimiento que reporteros nuestros observaron de primera mano: hace años, elementos de policía o tránsito en el libramiento carretero sorprendieron hasta dos unidades tipo ambulancias en el momento de descargar su mercancía procedente de Guadalajara, Jalisco. Era buena cantidad de loquitos que nos dejarían de herencia. La autoridad obligó al regreso con todo y su carga demencial. No dudo que esta práctica continúe, con la posibilidad de que se agreguen otras entidades.

Por otra parte, elementos de las policías estatal y municipal no hacen nada cuando un demente obstruye la banqueta con todo y sus tiliches. Saben que les resultaría contraproducente si los conducen a prisión, pues a la autoridad le representa un gasto no presupuestado, además tienen presupuesto de precariedad. En todo Nayarit no existe un hospital psiquiátrico, internamiento para el tratamiento de la loquera. Ni para donde hacerse, hay que se hagan bolas.

Aquí me hizo recordar un pasaje de hace muchos años, por mi vivido. Era el tiempo en que la cárcel municipal se encontraba en edificio de la avenida Victoria, casi esquina con San Luis en Tepic. Influyente en la policía municipal era el Comandante José Merced Mares, oriundo de San Cayetano, municipio de Tepic, de quien gozaba amistad por la cercanía de funcionario-reportero. Me dijo que en prisión tenían a una mujer loquita, como de unos 45 años de edad. Si quieres pasa a verla, me dijo. Movido por la curiosidad ahí voy. El viejano encargado de rejas me abrió paso. Eran como seis celdas, tres a cada lado, separadas por un pasillo. En el fondo se encontraba la mujer completamente desnuda, y para mi sorpresa en se momento empezó a arrojar con la mano su propio excremento a tres hombres presos en la celda de enfrente. No hubo más que salir corriendo para evitar me bañara de mierda.
   

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