Tepic, Nayarit, jueves 22 de octubre de 2020

Palestra

Gilberto Cervantes Rivera, poeta de Cucharas

13 de octubre de 2020

***HOY ESTARÍA CUMPLIENDO 97 AÑOS MI PADRE SERAFIN CERVANTES QUINTERO, MUERTO HACE TRES AÑOS; ME DIO LIBERTAD ABSOLUTA PARA HACER LO QUE YO QUISIERA CON MI VIDA; ME DIO TAMBIEN EL EJEMPLO DEL TRABAJO Y LA RESPONSABILIDAD CON LA FAMILIA; ERAN SUS NIETOS TEMA DE BUENOS CONSEJOS: DALES DE COMER, TRATALOS BIEN, NO LOS ABANDONES, SIEMPRE ME DECÍA; AL PIE DE SU FÉRETRO, OBSERVÉ APROBACIÓN EN SU ROSTRO, SOBRE MIS REENCARNACIONES; HOY LE PIDO PERDÓN POR HABERLO QUERIDO GOLPEAR CUANDO ÉL A SU VEZ HACÍA LO MISMO CON MI MADRE; LE DEDICO UNAS LÁGRIMAS POR LAS QUE NO LLORÉ EL DÍA EN QUE ME AVISARON DE SU MUERTE; ADIOS PADRE, ALGUN DÍA NOS VOLVEREMOS A VER EN LOS TERRITORIOS DIVINOS DE DIOS EL ALTISIMO

***GRACIAS MAESTRO CHIMI POR TODO LO QUE ME ENSEÑASTE CUANDO DABAS CLASES EN LA INOLVIDABLE PREPARATORIA NÚMERO TRECE DE LA UAN; TE VUELVO A ENCONTRAR TOMANDO CAFÈ EN LAS PARAGUAS DE MI AMIGO CABRERA Y EN UN SEGUNDO ME ABRISTE TU CORAZÓN HABLANDO DE LO BIEN QUE TE HA IDO EN LA VIDA; NO GUARDAS RENCOR COMO PUDIERA PENSARSE DADAS TUS ENFERMEDADES, SOBRE TODO LA NEFRITIS QUE AMENAZA CON LLEVARTE EN CUALQUIER MOMENTO; PLATIQUÉ CON UN HOMBRE AGRADECIDO CON DIOS, AL QUE NO CONSIDERA UN JUEZ QUE CASTIGA SINO UN  PADRE PRODIGO QUE RECIBE AMOROSO, AL HIJO EXTRAVIADO; SE QUE PERDERÁS LA BATALLA MAESTRO, PERO SIGUEME ENSEÑANDO CON TU VALEROSO EJEMPLO, QUE DEBEMOS LUCHAR HASTA EL ÚLTIMO HÁLITO DE VIDA QUE TENGAMOS

Hoy doce de octubre, Día de la Raza, mi padre Serafín Cervantes Quintero, estaría cumpliendo 97 años de edad; hace tres años falleció víctima de silicosis, enfermedad que mataba trabajadores de las minas donde por muchos años laboró en Mineral de Cucharas, principalmente.  Secretario General de la sección 116 del Sindicato Nacional Minero Metalúrgico, cuyo líder máximo era Don Napoleón Gómez Sada, Don Serafín contrataba con frecuencia los servicios profesionales del abogado Héctor Gamboa Quintero, quien así lo reconoce en su último libro, publicado meses antes de morir el mismo día y hora en que se fue también Mahomedalí Chumacero, conocido de igual forma como el poeta Alí Chumacero. Mi papá apenas terminó el cuarto grado de educación primaria pero con ello, sabía levantar estructuras de madera en los socavones de las minas; asimismo aprendió el arte de la sastrería, haciendo pantalones para completar el gasto; pescador del río Acaponeta que pasaba metros abajo del Real de Cucharas, sacaba peces para alimentar a cinco hijos que se le lograron de los diez que pudo engendrar a mi madre María Luisa Rivera Tirado. En un mineral que producía cantidades fabulosas de cobre y turquesas, todas las familias de los mineros, padecían pobreza que olvidaban consumiendo alcohol de 96 grados que compraban en la tienda más importante del pueblo, la de Don Herculano Medina, compadre de mi jefe. La pobreza que enfrentábamos las 24 horas del día, era compensada por pequeños momentos de alegría, cuando la compañía minera nos regalaba dulces, juguetes o dinero; los fines de semana íbamos al cine, el que terminaba con un festín de sangre en un mar infestado de tiburones. Cucharas contaba con una panadería, donde podíamos saborear los famosos cortadillos que nos pasábamos con chocomilk calientito; en aquel entonces todavía estaba fuerte nuestra moneda, doce cincuenta por dólar; hecho de plata, con un peso podías comprar la despensa que te duraba una semana; este poeta de Cucharas llegó a gastar monedas de uno, dos, cinco, 20, 25, cincuenta y cien centavos; con un centavo llegué a comprar una pieza de pan y un peso de plata es lo que mi padre me daba para gastarlo en la escuela primaria rural federal Estado de Tamaulipas, que se ubica en la cabecera municipal de Huajicori, aun en funciones. Los vientos del régimen impuesto por Don Porfirio Díaz Mori, se hacían sentir durante la administración de Gustavo Díaz Ordaz, al grado de que circulaban todavía monedas de oro, las que conocí y pude comprar dulces con ellas. Don Serafín llegaba presumiendo un puño de monedas de plata, contenidas dentro de morralitos de manta; yo esperaba ese día porque recibía una cuando menos, la que no me duraba tanto pues la tentación de los dulces, los panes, las galletas de animalito y los trompos de ébano, era normal entre los niños de mi edad. Mi padre estudió en la Escuela Nacional de Transmisiones en Guadalajara, Jalisco, donde apenas alcanzó el grado de Cabo pero aprendió los principios básicos de la arquitectura y el oficio de sastre que le permitía siendo joven, hacer entre cinco y seis pantalones diarios. La verdad ganaba buena plata, la que le servía para darnos de comer, comprar garrafones de alcohol y echarse cada que lo deseaba, una canita al aire, con lo que jamás estuvo de acuerdo mi madrecita, a la que seguido le daba hasta con la cubeta. Muchísimas veces observé situación tan deprimente para un chico de doce años de edad como su servidor en ese entonces; una sola vez, sin pensarlo dos veces, me interpuse entre ambos progenitores con la clara idea de que ya no le siguiera pegando. Bien que me acuerdo; le dije: esta es la última vez que le pegas hijo de la…, la próxima te la verás conmigo; que Dios me perdone, pero tu bien sabes padre eterno que lo hice por mi madre. Mi padre dejó de golpearla, se me quedó viendo a los ojos; confundido quizás, se le rasaron los ojos de lágrimas; ya era de noche, se sale con rumbo desconocido y al cabo de una semana regresa para decirle a mi madre que alcohol ni vino entrarían de nuevo por su boca. Dejó de tomar, para ese entonces, este poeta de Cucharas ya ganaba dinero del programa nacional de Desmontes, instrumentado por el Presidente Luis Echeverría Álvarez; año de 1972, con la Secundaria terminada y mi hermano José Carlos trabajando como maestro de primaria en Rincón de Alisos, Chihuahua, Don Serafín nos avisa que marchábamos a Tepic, para que todos termináramos de estudiar. Justo a tiempo porque este poeta de Cucharas ya andaba metiéndose en problemas en contra de jóvenes de su edad que le reclamaban por cuestiones de faldas; allá en Cucharas los diferendos se arreglaban con cuchillo, pistola o puños; y mi padre tampoco estuvo exento de que mineros envidiosos por su calidad de dirigente sindical, muchas veces lo agredieron a golpes que respondía, saliendo airoso tras cintarear o colgar de la cintura de un árbol a sus adversarios; Don Serafín sabía que un compadre suyo planeaba asesinarlo y eso fue suficiente para decidir abandonar ese pueblo que colgado de un barranco duerme, bajo un cielo que, a fuerza de no ver nunca el mar, se olvidó de llorar.  Antes de ocupar el domicilio donde falleció, calle Tacubaya 72 colonia San José, vivimos en dos casas de renta en el populoso barrio de la Chapule; mi padre aun veía bien como para seguir haciendo pantalones, con lo que nos daba de comer y pagaba los estudios de su servidor y de mis otros hermanos. Residiendo en la colonia San José, Don Serafín pierde la vista y luego de una operación, le prescriben lentes de fondo de botella, los que usó muchísimos años durante sus diarias caminatas de dos cuadras; con el peso de los años, mi padre dejó de salir a la calle, pasándose las horas junto a su viejita, la que un año antes de morir él, termina en una plancha de la Cruz Roja, donde la pude despedir con un beso en la frente. A esa madre ejemplar que nos dio la vida, Don Serafín la pudo valorar, arrepentido tal vez de haber sido cruel con ella; vale lo que pesa en oro, siempre me decía, hasta que la muerte lo atrapó no sin antes haberle dicho sobre mis reencarnaciones; se reía mi padre de mis ocurrencias, pero cuando lo encuentro 94 años después, enclaustrado en el féretro, observo su rostro, encontrando en él aprobación a lo que en vida le había dicho. Por siempre te recordará papá, a ti que me diste libertad absoluta para que yo hiciera de mi vida cosa buena o cosa mala; gracias a Dios seguí tu ejemplo en el trabajo, al que dediqué un tiempo siendo muy pequeño, por lo cual aprendí a ganar dinero, lo que años después me sirvió para formar una familia de hijos responsables y sin vicios. Lo único que no hice cuando murió mi madre y falleciste tu también mi querido viejo, fue guardarme las lágrimas, influenciado por mi abuela María Luciana Quintero Gaytàn, la que me recomendaba no llorarle a los muertos; tu madre seguramente te dijo lo mismo, porque durante el velorio de ella, igual que todos, mostrábamos alegría como ella dispuso, pero en el entierro, vi que lloraste en silencio por esa mujer que se quitaba el bocado de la boca para dárselo al hambriento. Hoy, a cuatro años de muerta mi madre y tres de mi padre, les pido perdón a los dos y aunque ustedes amables lectores no me ven, tengan por seguro que los lloraré, con la esperanza de verlos en el cielo el día que mi padre eterno también me llame porque necesita que le ayude en labores muy especificas. Hasta entonces mis queridos viejos…PALESTRAZO: maestro Chimi, como ya no te había visto, pensé que habías marchado con Dios; te vuelvo a ver en Las Paraguas, donde abriste tu corazón frente a un ex alumno que valora los conocimientos que con él compartiste en la inolvidable Preparatoria número trece de la UAN; en un segundo supe de los mas íntimos secretos de tu valiosa existencia; partirás en cualquier momento lo sé, pero mientras tanto, aquello que tanto amaste, regresa contigo; has sido hombre de contrastes según me entero con lo que me platicas; gana en ti la humildad y la honestidad pues sabes apreciar lo importante que son las patas de pollo, los buchis y las mollejas cuando se tiene hambre; pero lo más importante querido maestro, es lo que tú dices, creer en un Dios que no está esperando que mueras para castigarte por lo malo que hayas hecho; Dios seguramente es como un padre que acepta al hijo perdido sin reclamarle nada, feliz por su regreso al hogar, triunfante o derrotado. Maestro Chimi, mas que ello eres un gran amigo de este poeta de Cucharas, el que te admira por haber formado muchas generaciones de alumnos y sobre todo por haberles dado a tus hijos los estudios que ellos querían; razón por la cual no son hijos del montón, una de tus hijas, la que por cierto ha triunfado con sus películas en el extranjero.  

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