Tepic, Nayarit, martes 03 de agosto de 2021

Ser preso en Lecumberri fue enseñanza maravillosa

Oscar González Bonilla

25 de noviembre de 2020

A la penitenciaría de Lecumberri, conocida popularmente en México como Palacio Negro, ingresó el 22 de abril de 1968 (“día que el guerrillero Genaro Vázquez se remonta a la sierra de Guerrero”) bajo la acusación de cuatro delitos: daño en propiedad ajena, disparo de arma de fuego, lesiones y robo con violencia (“en esto estoy de acuerdo”, última imputación).

“Para mí la prisión fue como una universidad”, con nostalgia después de 52 años comenta el Ingeniero José Rafael de la Lanza Baños, porque según él adquirió conocimientos a través del contacto directo con centenares de presos de distinta realea, autores de diversos delitos, pero de mayor profusión los rateros.

Fueron sus compañeros de prisión prominentes líderes sociales y destacados intelectuales de la talla de Eli de Gortari, Heberto Castillo, José Revueltas, Víctor Rico Galán, Demetrio Vallejo, Valentín Campa, Fedro Fulgencio Palavicini Hernández, Manuel Marcué Pardiñas, Raúl Álvarez Garín, Gilberto Guevara Niebla, Félix Fernández Gamundi y otros.

Pero también convivió con “proletarios, lumpen, obreros, campesinos, indígenas, narcotraficantes, drogadictos”,  etcétera. “Allí, en Lecumberri, conocí a mucha gente. Comimos en el mismo plato, formamos en la misma sección, nos picaron las mismas chinchis, porque había chinchis en el dormitorio no obstante el rabioso aseo que diario se realizaba. Aunque cada semana se lavaba la crujía había suciedad. Como bien decía José Revueltas: no hay olor más repugnante que el de la mugre humana”.

José Rafael de la Lanza Baños nació en Pinotepa Nacional, Oaxaca, el 14 de abril de 1943. Su papá, Rafael de la Lanza López, también oaxaqueño pero de Jutla de Crespo, como trabajador de Telégrafos Nacionales lo enviaban de pueblo en pueblo, a  donde fueran necesarios sus servicios. Fue así que arribó como administrador de la oficina de telégrafos a Pinotepa, de donde es oriunda su mamá Josefa Baños Baños, la conoció, hubo enamoramiento y se casaron.

Además años vivieron en Tuxtla Gutiérrez. En Chiapas nacieron tres de los ocho hermanos que fueron. También la familia se afincó en Tapachula, desde donde a don Rafael comisionaron para hacerse cargo de la Oficina Administradora de Telégrafos en Tepic, en 1948. A la capital nayarita José Rafael de la Lanza Baños llegó con cinco años de edad. Recuerda que se aposentaron en casona de grandes dimensiones que además albergaba oficinas de telégrafos, ubicada en la avenida México 35 al sur (en la zona que en la actualidad se halla el café Diligencias). “Era una casa enorme, allí vivió nuestra familia”. La instrucción primaria recibió en la escuela Fernando Montaño, mientras que la secundaria en el Internado para Hijos de Trabajadores, hoy secundaria federal 2 en avenidas México e Insurgentes en Tepic.

Cursaba segundo año de Preparatoria, escuela en la calle Morelos, cuando un tío se lleva a José Rafael y hermana mayor de éste con destino a la Ciudad de México. Era 1959, recuerda. Al año siguiente ingresó a la Preparatoria 4 de la UNAM. “Fueron dos años maravillosos en esa institución, grandes maestros, entre ellos españoles  exiliados en nuestro país”, misma que fue convertida en museo, sito en las calles Puente de Alvarado y Ramos Arizpe, muy cerca del monumento a la Revolución.

En ese ínter, el joven de la Lanza Baños fue persuadido por su padre a visitar al señor Rafael Méndez Moreno, quien se desempeñaba como Director de Telégrafos Nacionales en la Ciudad de México, y que casualmente había sido en Tepic jefe de telégrafos. “Supe de oídas que este funcionario en Nayarit editaba especie de panfleto con críticas mordaces al gobernador de la época, Gilberto Flores Muñoz. Creo, sin temor a equivocarme, esa fue la razón del cambio de adscripción. Seguro Flores Muñoz amenazó: llévenselo, porque si no me lo voy a echar. Sin embargo, Rafael Méndez Moreno, originario de Cocula, Jalisco, murió en accidente aéreo”.

La intención del acercamiento fue pedir empleo para el joven José Rafael. “Negro, me dijo mi padre, tienes que trabajar. Siempre en familia me llamaron con ese apodo. La petición al director tuvo respuesta positiva, entró a laborar en Telégrafos, oficina situada en edificio frente al Palacio de Minería. Su padre enfermó de la vista, por tanto él ocupó la plaza laboral.

Transcurría 1962 cuando ingresó a la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Sin embargo, tuvo una amarga experiencia, y sin tapujos dice: “Los peores maestros, en toda mi vida académica y vaya que he transitado por muchas escuelas, fueron los de Ingeniería en ese año. Unos hijos de la chingada, déspotas, no sabían tratar a los alumnos ni exponer con atingencia sus clases. Sobre todo el de matemáticas, era una bestia”.

José Rafael de la Lanza Baños explica que para ese entonces vivía en la Lagunilla y el camión que lo trasladaba a Ciudad Universitaria (Narvarte-CU) hacía el tiempo que equivale ir de Tepic a Acaponeta. “Ta’ba cabrón. Me dieron de baja en tres materias porque nunca llegué a tiempo. Pero además no podía estudiar porque toda la mañana la consumía mi trabajo en oficina de telégrafos. En la tarde iba a la escuela y salía a las diez de la noche, pues que ganas de estudiar. Y me salí de la UNAM”.

En su constante deseo por lograr una profesión pasó por la vocacional y al término tuvo ingreso a la Escuela Superior de Ingeniería Mecánica y Eléctrica (ESIME) del Instituto Politécnico Nacional (IPN), no sin antes librar miles de dificultades. Agradece que para superarlas fue respaldado por el paisano Elías García Palacios, quien en la actualidad vive en el municipio de Bahía de Banderas.

Cuando a Rafael de la Lanza Baños pregunto cuál es su profesión, contesta: profesor de matemáticas. Y es así porque ahora a sus 77 años de edad tiene la firme convicción que “cualquier pendejo es ingeniero”.

-¿Qué idea tiene de las matemáticas, al parecer son su obsesión?

-Al respecto tenía dudas. Siempre ando abriendo la boca. Un día vi en la televisión al conductor que interrogaba a una chamaquita indígena. Le preguntó: para que crees que se debe estudiar matemáticas. Ah cabrón. Me puse alerta para escuchar su respuesta, se quedó segundos callada, y luego dijo: para poder decidir. ¡Sopas, cabrón! Efectivamente, efectivamente, por qué, porque se mete a la lógica que Eli de Gortari estudia, los procesos mentales y el rigor que debe seguir. Para eso sirve la matemática, entre otra infinidad de usos: estadística, construcción, electrónica, etcétera”.

-¿Aquí en Tepic en dónde ha impartido enseñanza de las matemáticas?

-En la Escuela de Medicina del edificio Fenelon (UAN), que tenía como director a David Trejo, participé en un curso propedéutico de seis meses. La mayoría de los 120 estudiantes en principio rechazaron la materia de matemáticas, pero fueron convencidos de su necesidad. A de la Lanza casi lo sacan en peso. “Allí advertí problema en la educación. No es que sean buenos en matemáticas, sino que se vuelvan estudiosos, que sepan consultar”.

Advierte Rafael de la Lanza que su regreso a Tepic se registró en el último año del gobierno de Roberto Gómez Reyes (1975). Con el apoyo de un amigo entró a trabajar como agente fiscal en la Secretaría de Finanzas del gobierno estatal que tenía como titular a Salvador Iñiguez Castillo. Luego pasó al Departamento de Procesamiento de Datos con una computadora que abarcaba el espacio de una habitación. Allí hicieron el listado del predial de Tepic.

Salió de gobierno y solicitó ser maestro en la Prepa Uno (UAN), cuando el director de esta institución era Sergio Solano. “Éste me prometió que al inicio del año tendría 12 horas de clases. ¡Magnífico!, dije. Me pidió que ese mismo día me incorporara a la Prepa Abierta que dirigía Rodolfo Dávalos en tanto se decidía lo otro. Cuando llegó la hora de repartición de clases, no hubo materia para mí. Al margen de mi especialidad me ofrecieron impartir biología. Tengo mucha necesidad de trabajar, pero eso no. ¡Qué creen me dijo Solano: agárrate cualquier libro de biología, léelo y ya con eso. Ay, cabrón, me fui pa’tras”! Finalmente cuando Celis Fonseca llegó a la dirección de la Prepa 1, de la Lanza tenía 19 horas que el mismo reciente director redujo a 11. Al reclamar el atropello, Rafael recibió la amenaza del director que irían más a la baja. Decidido renunció.

Fue así que optó por la fundación de un Centro de Capacitación que con éxito funcionó corto tiempo. También incursionó en el Instituto de Capacitación para el Trabajo de Nayarit (ICATEN). Asimismo impartió conocimientos en la secundaria 23.

José Rafael de la Lanza Baños comenta que formó parte de una célula guerrillera integrada por estudiantes del Politécnico, entre ellos recalca la presencia de  Florentino Jaimes Hernández, Ingeniero Mecánico por la ESIME, nacido en el Estado de Guerrero y en la actualidad político destacado.

Era 1968. En la memoria estudiantil frescas estaban acciones de la insurgencia armada en Guerrero protagonizadas por Genaro Vázquez y Lucio Cabañas, maestros ambos, que desde 1960 y más allá de 1970 lucharon en favor de los más pobres. Sus primeras acciones serían asaltos a instituciones bancarias y secuestros para financiar su lucha subversiva.

Fue entonces que el comando clandestino de la ESIME del Politécnico se organizó y diseño planeación estratégica con el objetivo de conseguir dinero para apoyo social. “Los habitantes del medio rural siempre han necesitado de cuadros que los auxilien en las enfermedades, desarrollo de la niñez, campesinos pobres, comunidades marginadas, etcétera”, destaca de la Lanza.

Dispusieron el asalto a mano armada de una camioneta bancaria. El escenario en la vía pública fue por avenida Universidad y Xola en la Ciudad de México. A la unidad transportadora de valores interpusieron en su camino, de frente, un taxi. Del automóvil se apeó el grupo y en relampagueante acción sometieron a los tripulantes de la unidad. De inmediato cargaron con bolsas repletas de dinero y de nuevo treparon al taxi, pero para su mala fortuna el automóvil no arrancó, se descompuso el motor de arranque, ni dio marcha. En el acto regresaron al camión, pero en ese momento un solitario militar, surgido sabe Dios de donde, los encañonaba con su pistola. Se impuso la mayoría y lo hirieron a balazos.

Vino entonces la malhadada ocurrencia de asaltar oficina de telégrafos en la propia Ciudad de México. Grande era el ímpetu de los idealistas jóvenes de la célula politécnica. Atacaron por sorpresa y lograron su propósito. El ilícito fue más que suficiente para entrar en acción elementos policíacos y de investigación. Cayeron en poder del servicio secreto, es decir, integrantes de la Dirección Federal de Seguridad, organismo represor en el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz.

José Rafael de la Lanza Baños fue detenido el 15 de abril de 1968 en Tlatelolco, sito en Manuel González, hoy Eje 2, transversal a la Guerrero e Insurgentes. Internado en la prisión de Lecumberri (hoy Archivo General de la Nación) para sufrir cautiverio preventivo durante cuatro años y cuatro meses. Pasó enseguida a la prisión de Santa Martha Acatitla, donde permaneció siete meses. En total se aventó cuatro años, once meses y diez días como reo. Su liberación fue en marzo de 1973.

“Doy gracias a Dios que no me mataron, porque a la mayoría de mis compañeros los asesinaron. Yo tenía un primo hermano, médico militar, que me visitó en Lecumberri. Me dijo: cálmate Negro, están matando a los muchachos a bayonetazos por la espalda. De ese tamaño”, expresa el entrevistado.

La charla con el profesor de matemáticas se realizó en su actual centro de trabajo, en la que también como cuestionador participó Víctor Carlos Montoya Castellón, amigo de aquel desde hace años.

-¿Es usted dueño de este negocio?

-Ni lo mande Dios, exclamó el exmilitante del PRD.

Es empleado en un espacioso local donde se hacen reparaciones a sinfín de aparatos eléctricos de uso doméstico, negociación ubicada en Tepic por la calle Durango entre Morelos y Allende. Hace años que allí trabaja. Gana dinero aunque sea para comer, afirma.

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