Tepic, Nayarit, jueves 14 de noviembre de 2019

¿Layín gobernador?

Miguel González Ibarra

17 de noviembre de 2016

¡NI LO MANDE DIOS!
 
 
De no tomar medidas, el último pataleo del neoliberalismo nayarita, puede ser fatal para nuestro estado e historia.
 
Filiberto Delgado, hombre de las confianzas de Ney y el principal operador de la corriente liderada por el exgobernador (de muy triste memoria por cierto), ha declarado con bombo y platillo, que se suman y ellos abrazan el proyecto de Layín en su pretensión de arribar, o más bien, regresar, a la gubernatura de Nayarit, los próximos cuatro años.
 
Dicho posicionamiento nos obliga (a la izquierda) a redoblar nuestras fuerzas con el objeto de ganar el gobierno y rectificar el equivocado rumbo que le imprimieron, a la política y a la economía, los anteriores mandatarios estatales, con excepción del sexenio conducido por el Doctor Julián, el cual, en verdad, se cuece aparte, siendo éste, el camino que debemos retomar para ofrecer derechos plenos a todos los nayaritas, que en esta tierra laboramos y soñamos.
 
La alianza Ney-Layín es para tomar medidas y colocarnos en guardia. Las grandes masas nayaritas se pueden ir con la finta. El horno no está para bollos y aquí cabe lo que en el rancho repetíamos y repetíamos en el sentido que “la confianza mata al hombre”, tal cual le ocurrió al Prieto Crispín, por confiar en su Compadre Enrique Díaz, quien comandó el pelotón que ajustició al inconmensurable líder agrario.
 
Hay que partir por reconocer que no hemos forjado ni construido la conciencia social necesaria para evitar y echar abajo una aventura de tales tamaños. Hemos fallado. La izquierda hemos fallado. Debemos ser autocríticos y reconocerlo. Estamos en esa ruta y empeñados en tal propósito.
 
Ney-Layín son una mancuerna convertidos en una real y verdadera aventura. Es aventurerismo del bueno y del puro. La política no es aventura. La política es ciencia; la ciencia más elevada del pensamiento humano, como muy bien y acertadamente, alguien de aquí, la definió así.
 
Layín representa la ignorancia; mientras Ney la perversidad ¡Imaginénse!
 
Ignorancia y perversidad hacen y conforman una macabra y diabólica fórmula que podría ocasionar un golpe del cual nos lamentaríamos toda nuestra futura vida como pueblo nayarita; ello, habría que aclararlo, si en la izquierda no tomamos las medidas pertinentes y nos llenamos de caldo flaco y nos confiamos más de la cuenta, lo cual, pudiese ocurrir. Hacemos esfuerzos para que tal cosa, no suceda, cumpliendo cada quien y cada cual, desde nuestra trinchera de lucha.
 
Ya vimos el impacto de Trump en los Estados Unidos. Algo parecido puede ocurrir en Nayarit con Layín. Trump cargaba mucho dinero, igual que el sanblaseño; más ahora, yendo en alianza con el neycismo, cuya fuerza política, también carga centavitos; nomás hay que recordar los 15 mil millones de deuda dejada por el hijo de Don Eme, cantidad que no es nada poquito, más bien, es mucho muchito.
 
Layín está en blanco. Cree que la política es agarrar fama repartiendo a diestra y siniestra billetes de veinte pesos (ya son de veinte porque empezó con billetes más grandecitos) y haciendo circo con Los Tigres del Norte pagando millonada por evento, lo que los tribunales deberían sancionar con cadena perpetua, de ser ello posible, con la pena máxima, debido al daño irreversible que causa en las grandes masas de trabajadores, particularmente entre la niñez y la juventud.
 
La estructura ideológica y programática del neycismo también es sumamente débil. No da pa´mucho. Lo conocemos muy bien. Su cuadro teórico es francamente limitado.
 
Layín tiene en el completo abandono a San Blas. Dan ganas de llorar cuando uno va al puerto. Basura por doquier. El abandono del espacio por parte de la autoridad municipal, se percibe a leguas, se huele, se tienta, se mira, se palpa, mientras el alcalde, sigue en su aventura, dándonos a los nayaritas, trato de menores de edad, cuando, no, este pueblo,  ha alcanzado la mayoría de edad y sabe lo que es la democracia estando preparado para ejercerla y, que, esta vez, lo vamos a convencer que el camino es el trazado por los hermanos Gascón, oriundos de Trapichillo, uno, y de Aután, el otro, por cierto, éste, el más querido.
 
Para ya cerrar el presente comentario, no nos queda más que lanzar la pregunta a las grandes masas de trabajadores nayaritas, tanto del campo como de la ciudad, las marismas y esteros:
 
¿Layín Gobernador?
 
La respuesta segura, directa y  sin pensarlo, es:
 
¡Ni lo mande dios!

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