Tepic, Nayarit, lunes 11 de diciembre de 2017

El autor

Oscar Gonzalez Bonilla

Oscar González Bonilla nació en Tepic, Nayarit, donde en 1973 se inició en el periódico Diario del Pacífico.

En 1980 se integra como fundador de NOTISISTEMA-TEPIC, medio de comunicación dedicado a la transmisión por radio de programas noticiosos.

Es contratado en 1991 por XHKG, canal 2 local de televisión, para fungir como director de noticiaros y a la vez conductor del programa estelar nocturno Al Momento.

A partir de 1995 como reportero ha transitado con su quehacer periodístico en varias publicaciones de la capital nayarita, hasta llegar en 2009 a la administración del portal www.nayaritaltivo.com.

Dedicado por siempre al periodismo, como forma de vida, le apasiona cultivar el género de la entrevista, al mismo tiempo que a través de la columna La Güipa expone sus puntos de vistas sobre los diversos temas de la localidad, la entidad y el país.

Añoranza

(Lo dicho por Oscar González Bonilla durante la ceremonia de homenaje al periódico Diario del Pacífico (1973-1997) que merecidamente rindió en el presente año a la institución y a sus integrantes en vida y en su memoria a los  fallecidos. El evento fue organizado por la Comunidad de Artistas e Intelectuales de Nayarit (CAIN) en su sitio social nombrado El Barullo, ubicado por la calle Veracruz al sur, entre Mina y Miñón, de la ciudad de Tepic. Fue, además, una noche bohemia).

En realidad poco es lo que puedo aportar al conocimiento del legado histórico de Diario del Pacífico, cuando es un veinteañero el que en 1973 ingresa al periódico de Hechos y Opinión.

Sin saber ni papa del quehacer periodístico, solo alentado por el interés del entusiasta grupo de compañeros exuniversitarios al mando del diario, se me encomendó la nota roja, tarea que durante algún tiempo cumplí con la visita, todos los días, a centros hospitalarios, Cruz Roja y policías, municipal y judicial del Estado, entre otros, tan sólo para compilar datos, mismos que eran aprovechados por el director Andrés González Reyna (q.e.p.d.) para redactar la columna que gustó mucho a los lectores de aquel tiempo, llamada Escaparate de lo Funesto por la manera de describir el acontecimiento.

Andrés también fue autor de las columnas La Serpentina, Piscolabis y Columnilla, escritas de manera clara y eficaz, con amplio conocimiento de la gramática y la estructura del castellano. Con la influencia muy marcada de Gabriel García Márquez.

Como Jefe de Redacción, Francisco Cruz Angulo fue mi maestro, es entonces que con su guía me lancé a redactar mis propias notas. Sólo por medio de teclear diariamente la vieja Remington, con un dedo de cada mano, medianamente adquirí habilidad para embadurnar cuartillas.

Si mal no recuerdo, Diario del Pacífico apareció a la luz pública el 9 de marzo de 1973, mientras que mi ingreso fue durante el mes de mayo del mismo año, por tanto me consideró fundador del mismo. Nace por el mecenazgo de la Logia Masónica, de la cual, estoy enterado, el Gran Maestro era Don Antonio Meza López, quien fue propietario de la mercería La Mariposa, ubicada en Tepic en las calles Lerdo y Puebla.

El doctor Luis Navarrete Zúñiga (q.e.p.d.), entrañable y queridísimo amigo, jugó el papel de representante de la Logia ante el periódico. Pero de manera abundante y precisa sobre este tema las voces autorizadas son las de Pancho Cruz Angulo y Emilio Valdez, quienes formaron parte de la integración inicial del equipo humano, y fueron determinantes en la adquisición de la maquinaria de mediano pelo en la ciudad de Guadalajara, Jalisco.

Sé decirles que la mayoría de quienes formamos parte del Diario del Pacífico estudiamos en la Preparatoria Del Nayar, auspiciada por el Centro Cultural Nayarita, apéndice de la Logia Masónica, que se hallaba por la calle Abasolo entre avenida México y Zacatecas. Eran los primeros años que la Preparatoria se cursaba en tres. Como la institución fue incorporada a la Universidad Nacional Autónoma de México, tuvimos la oportunidad de ingresar, mediante aprobación del examen de admisión, a esa casa de estudios. Emilio matriculó en la Facultad de Derecho, mientras que Andrés González Reyna, Francisco Cruz Ángulo y yo en la Escuela Nacional de Economía, reconocida como la ENE. Era el inicio de la década de los setentas.

La estancia en la ciudad de México se tornó difícil por la escasez de recursos económicos, pues todos formábamos parte de familias muy modestas, pese a que Sergio Naya Fregoso, conocido vendedor de telas en Tepic, nos albergó gratuitamente en casa de su propiedad en la colonia Condesa, por la calle Camargo número 10, allí fue donde los estudiantes decidimos organizar la Comunidad Universitaria Nayarita (CUNA) con el propósito de recibir apoyo alimenticio de la Secretaría de Salubridad y Asistencia.

Esto después de que tronamos como huevo huero en la prueba física para ingresar a la Policía y Tránsito del Distrito Federal, cuyo director era el Coronel Rogelio Flores Curiel (q.e.p.d.). Para que se nos tomara en cuenta medió Gonzalo Gutiérrez Langarica (q.e.p.d.), reconocido periodista nayarita, que en ese tiempo trabajaba muy cerca de Flores Curiel y vivía también en Camargo 10.  Lo bueno que no la hicimos, pues a estas alturas ya hubiéramos alcanzado jubilación como agente de crucero.

Aunque no muy de cerca, cuando menos a lo que a mí corresponde, nos tocó vivir los hechos sangrientos del 10 de junio de 1971, cuando el grupo de Los Halcones masacró estudiantes.

Laboramos algunos meses en el Departamento de Asuntos Agrarios y Colonización cuando el titular fue Augusto Gómez Villanueva. La chamba de dictaminadores en la dirección Derechos Comunales a cargo del Ingeniero Pacheco Loya, nos la consiguió Miguel “El Cora” Arvizu Tiznado (q.e.p.d.), quien, a través de una organización campesina, era utilizado por el gobierno de Luis Echevarría para invadir tierras en el país.

Permítanme comentarles que mi padre fue músico, baterista de varias orquestas de Tepic. Se llamaba Donaciano González González, pero era mayormente conocido por su apodo: Shanghai. De niño lo trajeron a la capital del Estado procedente de Zapotanito, municipio de Santa María del Oro, donde nació. Parte de su niñez vivió con la familia Cervantes, con la que guardaba parentesco, que tenía su domicilio en las calles Amado Nervo y Querétaro.

Familia de músicos y fotógrafos. Ellos formaron la primera orquesta de Tepic, en la que mi padre, menor de 18 años, era quien ejecutaba la batería. Los Cervantes – entre ellos Javier Cervantes Sánchez, forjador del Sindicato de Empleados y Trabajadores de la Universidad Autónoma de Nayarit (SETUAN)- instalaron la  Fotografía Cervantes, de las primeras en la ciudad de Tepic, por la calle Querétaro casi esquina con Lerdo, le antecedía la de Don Juan José Rivera Verduzco.

Donaciano González “Shanghái”, formó parte, entre otras, de la orquesta La Moderna, pasó por Los Satélites y terminó en la güipa con un grupo musical que representaba el músico trompetista Pablo Rea. Hago esta referencia precisamente porque de aquí tomé la palabra Güipa para titular la columna que regularmente escribo.

Muchos me han preguntado el significado de La Güipa. La buscamos en el diccionario y no existe, dicen. Pues no, porque es palabra acuñada exclusivamente por los músicos de Tepic, tengo conocimiento que ni siquiera el término es usado entre los músicos de municipios de la entidad, mucho menos en estados del país. La inventaron para significar el recorrido que realizan en busca de clientes cantina por cantina, hoy llamados centros botaneros. La güipa, entre los músicos, es lo opuesto al contrato.

Después de que Andrés, Emilio y Pancho dejaron los estudios universitarios para dedicarse de tiempo completo a la elaboración de Diario del Pacífico, a través del cual estaban decididos a realizar un periodismo trascendente, invitados por el doctor Luis Navarrete Zúñiga, a los días me vine detrás de ellos, sin conocer sus planes.

Se requería un órgano de información capaz de defender a la preparatoria Del Nayar de los embates del gobierno de Roberto Gómez Reyes y el clero católico, que se aliaron para liquidar a la institución educativa porque representaba un nido de comunistas.

Me convidaron a participar en el proyecto, y acepté gustoso. Recuerdo que mi primer salario semanal fue de cien pesos, que me pagó Emilio con billetes de peso, de los llamados “camarones”.

Durante toda su existencia Diario del Pacifico se elaboró en un local que se encuentra por la avenida México sur, cerca de Insurgentes, frente al edificio que hoy se conoce como del Grupo Álica. Sólo sé que el propietario de la casona era un señor de Compostela, de apellido Avitia, no recuerdo su nombre.

La maquinaria, linotipo y prensa, así como el tipo movible, eran de bastante antigüedad. Con decirles que si se imprimían arriba de diez mil ejemplares, la prensa corría el riesgo de que se desbaratara, se desatornillara. El periódico se hacía con lo que se conoce como sistema caliente.

Muy modesto en su presentación, blanco y negro, regularmente de cuatro páginas más la “tripa”, se hacían seis páginas. Pero aún así, el gobierno de don Roberto Gómez Reyes sintió el rigor de la opinión de peso informativo del periodicucho como en una ocasión lo llamó la esposa del gobernador y presidenta del INPI de Nayarit, doña Flavia Flores de Gómez Reyes, lo cual le valió la réplica mordaz y sarcástica de don José Ruvalcaba Flores, uno de los mejores articulistas de Diario del Pacífico con una pluma exquisita, que criticaba con ironía punzante.

Más de dos años soportó el gobierno de Gómez Reyes al incomodo Diario del Pacífico por su manejo de información oportuna, veraz y de crítica severa a los yerros de la administración estatal, así como a los abusos en la función pública, teniendo como reportero estrella a Arturo Zúñiga “El Guacho” y enseguida a Zeferino Sandoval Lara (q.e.p.d.), forjado en la escuela Normal Rural, mientras que el primero en los mejores cuarteles militares del país.

Aquí abro un paréntesis para señalar que tanto Andrés, Francisco y Emilio no eran improvisados en el periodismo, traían el antecedente de haber participado en el periódico El Demócrata, y posteriormente en la revista Censura. Habría que añadir que ideológicamente abrevaron en el Partido Comunista.

La elección de Alejandro Gascón Mercado como presidente municipal de Tepic con la bandera del Partido Popular Socialista, fortaleció el espíritu de quienes trabajábamos en el Diario del Pacífico.

Luego las páginas del periódico consignaron la campaña del candidato del PPS a la gubernatura de Nayarit, Alejandro Gascón Mercado, quien renunció a la alcaldía en junio de 1975 para estar en condiciones legales de participar, en ese año, en la contienda contra el candidato del PRI, Rogelio Flores Curiel. El resultado de este proceso electoral con base a una negociación, es bastante conocido.

Vino entonces el gobierno de Flores Curiel. El Coronel arribó al poder precedido de la fama de sanguinario, de mano dura, por tanto se avizoraba un gobierno de orden y disciplina muy al estilo castrense. Menos política y más administración.

Llegó con el apoyo absoluto del centro del país, concretamente del Presidente de la República, Luis Echeverría Álvarez. Decían que la gubernatura de Nayarit se la entregaron como premio por sus servicios al “halconazo” del 10 de junio del 71, jueves de corpus, día que en la ciudad de México buen número de estudiantes fue masacrado a balazos por el grupo paramilitar nombrado “Los Halcones”.

De entrada el gobernador Flores Curiel advirtió, en lo que podría ser un mensaje dirigido a Diario del Pacifico: “De mí podrán decir tooodo lo que quieran, hasta que soy joto, pero no se metan con mi esposa porque deberán atenerse a las consecuencias”.

Ni para donde hacerse, mayormente que como Procurador de Justicia tuvo a otro rudo, Antonio Sam López.

Durante el gobierno de Flores Curiel, que inició el primero de enero de 1976 y terminó el 19 de septiembre de 1981, se dieron los trágicos acontecimientos de la Universidad Autónoma de Nayarit por la muerte a balazos de tres trabajadores de la casa de estudios.

“La represión desatada el 20 de febrero de 1979 y los asesinatos a mansalva que se sucedieron, no fueron otra cosa más que la consecuencia prevista de una escalada represiva que ahí topó con sus propios límites”, ha dicho el exrector Francisco Javier Castellón Fonseca.

Diario del Pacífico jugó un papel importante como vehículo informativo a la sociedad, pues en sus páginas se plasmaron los paros laborales, marchas, plantones y movimientos de huelga realizados por los trabajadores universitarios, que luchaban por la dignificación de sus derechos y mejores condiciones de trabajo. Fueron valientes y decididos al enfrentar al Estado y a las administraciones rectorales en turno.

Diario del Pacífico se convirtió entonces en vocero de los trabajadores universitarios en lucha, quienes además enfrentaban a grupos de choque estudiantiles. El local del periódico fue allanado por un grupo de “porros”, el que llegó a la avenida México para agredir a golpes de tolete a los trabajadores universitarios disidentes que esa noche acudían al lugar para hacer denuncias. Entre escritorios y maquinaria el enfrentamiento fue brutal. Todavía como despedida, al salir, los “porros” estudiantiles hicieron disparos al aire y contra la pared frontal del edificio. De entre los agresores recuerdo al tal Basilio  (Hernández Moreno) y Anselmo Barbosa, este último convertido hoy en flamante abogado.

Esto es parte de las vivencias que con gusto hoy les comento, pues a partir de 1980 inicié la otra etapa que corresponde al periodismo radiofónico, que representó NOTISISTEMA-Tepic.

Para concluir, quiero dar nombres de quienes de alguna forma contribuyeron al desarrollo de DIARIO DEL PACÍFICO:

Andrés González Reyna, Francisco Cruz Angulo, Emilio Valdés Hernández, Luis Navarrete Zúñiga, Sergio Naya Fregoso, Zeferino Sandoval Lara, Alejandro Castrejón Pineda, Maximino Hernández Rodríguez, Arturo Zúñiga Estrada, Martín López, Ignacio Rodríguez, Javier Rojo Fregoso, Cecilio Cervantes Testa, Benito “El Cora” Lemus Chávez y su esposa, Elías Maldonado Oronia, Efraín Valle Cortez, Héctor Gabriel Velázquez Efrén López Andrade, José Ruvalcaba Flores, Gilberto Cervantes Rivera, Raquel Rendón, Manuel Cabrera Ledón, José Benigno Mora Nungaray, Silvia y Licho (secretarias), Julio Rodríguez Robles, Arturo Flores Mejía, Miguel Ángel Balbuena, Paco Rodríguez Reyna, Florentino Cruz Angulo,  Eduardo Meza Ramos, Manuel “El Compadre” Ramos Mejía, Teodoro Flores Gutiérrez,  Juan “Pitagú”, Fidel Lemus y Esteban Fonseca.

Ofrezco una disculpa por no nombrar a algunos que con decisión entregaron su esfuerzo. Sólo hago referencia de los que en mi periodo (1973-1980) tuve como compañeros de oficio. Sé que hay otra camada de valiosos periodistas y trabajadores que persistieron hasta que el periódico de Hechos y Opinión, agobiado  por crisis financiera, hace 14 años, cerró definitivamente sus puertas.

(Lourdes Pacheco, Salvador Mancillas Rentería, Miguel González Lomelí, Mario Coz, Manuel Valdez Hernández, Gregorio Miranda, Francisco Flores Soria, Luis Ignacio Palacios Beas, José Torres Zamora, Vladimir Valdez Aguilar y otros).

Todos ellos aportaron para darle vida al periódico de Hechos y Opinión, pero al mismo tiempo encontraron la mejor oportunidad de llevar a la práctica sus conocimientos, sus habilidades y destrezas.

A todos mi reconocimiento y profundo agradecimiento.

Muchas gracias.

Tepic, Nayarit, 30 de abril de 2010.

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