Tepic, Nayarit, martes 18 de diciembre de 2018

Obligación ineludible

Oscar Gonzalez Bonilla

02 de Mayo de 2018

Vis a vis (cara a cara) y a través de redes sociales me han preguntado a favor de quien votaré de entre los candidatos a presidente de la república el domingo 1 de julio del presente año. El voto es secreto, es mi respuesta. Como reportero plural que me precio ser, me parece inconveniente decantar públicamente mi preferencia electoral, pero por las condiciones políticas actuales creo que debo abandonar ese prejuicio.

Las discusiones han sido polémicas con diferentes actores que tengo por amigos. La diversidad de opiniones ha sido la constante. Algunas veces se coincide en la preferencia, pero radicales son las posiciones de quienes no tienen empatía con el político que desde la izquierda promete cambios en la condición social, económica y política, entre otras muchas, de nuestro país. En una palabra, abrir a la democracia el sistema de gobierno

Andrés Manuel López Obrador ha sido calificado como personaje testarudo, con escaso respeto de las leyes que nos rigen, pero además advierten que sus propuestas son poco serias para el desarrollo de México. Jamás votarían por él, lo dicen con una enorme carga de convencimiento.

Traigo a colación aquí lo que a propósito escribió Héctor Tajonar, columnista de la revista Proceso: “Ante ese panorama es necesario saber qué tipo de Presidente sería el abanderado de Morena (y sus nefastas alianzas) en caso de obtener la victoria en las urnas. Dada la ambigüedad y la contradicción de su discurso, es difícil identificar sus verdaderos propósitos como gobernante, más allá de su estrategia electoral marcada por un pragmatismo feroz y riesgoso. Por tanto, sería importante que él mismo se definiera en temas fundamentales, para evitar ser, como Fox, un buen candidato y un mal presidente”.

Sin embargo, he sostenido que más de 60 años de PRI y 12 de PAN en la presidencia de la república, han sido suficientes para que los mexicanos tengamos plena conciencia de la necesidad de un gobierno de izquierda. Debemos dar esa oportunidad mediante nuestro voto con el sumo interés de vivir con la certeza que el régimen de cosas cambiará para beneficio de todos. Si es más de lo mismo al término de seis años, entonces a volar. Buscaremos otra opción.

Para mi gusto, López Obrador no es la panacea, el remedio para la multiplicidad de problemas que presenta nuestro país. Tampoco le será fácil gobernar, por consecuencia cantidad de sus propuestas al pueblo de México quedarán sin debidamente aterrizar. Desde la altura del cargo presidencial comprobará que del dicho al hecho hay mucho trecho, la situación tiene descomunal diferencia a como se visualizaba desde la perspectiva de candidato. Los obstáculos y quebraderos de cabeza que le presentarán los vencidos conservadores serán de alto voltaje.

Él mismo se les pone de pechito al anunciar que cada dos años de su mandato será sometido a una especie de consulta popular, vía referéndum, para que el pueblo determine si continúa o se va del cargo. No piensa que los contras podrían manipular a la gente a través de dádivas para que esto último suceda. Pero tengo entendido que la Constitución no mandata procedimiento jurídico de esta naturaleza. Las elecciones, por sí mismo, son una consulta popular.

Pero tras el análisis concienzudo, comprobamos que AMLO es de entre los cinco aspirantes a la presidencia de la república el menos malo, porque los otros son más de lo mismo. Es quien asegura cambios en el sistema establecido (statu quo), pues será ganancia cuando estas reformas conlleven, como es su propósito, mejorar las condiciones de vida de millones de mexicanos empobrecidos. Es su afán luchar contra las desigualdades sociales y abatir la corrupción en sus diversas manifestaciones. Es quién garantiza un sistema de gobierno democrático a través de la descentralización del poder.

En enorme colectivo ciudadano de nuestro país, con fuerza ha permeado la idea de que el representante de la coalición “Juntos haremos historia” es el político que en los momentos actuales necesita México, por ello la conciencia de quienes integramos los diversos sectores sociales dicta que el voto el domingo 1 de julio será para el tabasqueño. Cuando menos en Nayarit, es abrumadora la mayoría de ciudadanos votantes de cualesquier ralea que de boca a oído manifiesta su decidió respaldo al presidente de Morena.

Lo dicho: a través del voto popular los mexicanos debemos dar la oportunidad a la izquierda para que gobierne este país. Es el gran momento de aprovechar la circunstancia política que favorablemente se nos presenta luego que ya conocimos, sin resultados deseados, más de seis décadas de PRI y doce años de PAN. Hacerlo será una obligación ineludible.

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