Tepic, Nayarit, lunes 25 de marzo de 2019

Es político el problema de la UAN

Oscar González Bonilla

13 de Febrero de 2019

Para soltar amarradas que inmovilizan la Universidad Autónoma de Nayarit (UAN) es fundamental  “limpiar a ésta de las dinámicas corporativistas que la tienen secuestrada”, y así dar paso a la homologación real de los salarios, generar la reforma estructural administrativa-financiera y diversificar la obtención de recursos, son ideas base de Carlos Rafael Rea Rodríguez, maestro de esta institución de educación pública.

Entrevistado en la zona de cubículos destinada a los catedráticos en el edificio de la Unidad Académica de Ciencias Sociales y Humanidades de la Ciudad de la Cultura “Amado Nervo”, asiento oficial de la Universidad Autónoma de Nayarit, Carlos  Rea es requerido por el reportero para que desde su punto de vista muy personal haga análisis de la situación actual de la máxima casa de estudios.

Comienza por argumentar que la academia se fortalece cada vez más con esfuerzo de la planta docente, estudiantes, trabajadores administrativos y reconoce que los directivos también realizan importante papel.

Al tema presupuestal considera factor que obstaculiza el logro de cantidad de objetivos, avance en procesos y también dificulta la aspiración de metas más ambiciosas.

Dice lo anterior después de comentarle que el presupuesto en la Universidad Autónoma de Nayarit es materia indispensable para el desarrollo integral de la institución y la falta de éste se ha convertido en materializado tropiezo. Tal parece que sin comprobación de trabajo verdadero no hay dinero, le manifiesto.

Para el catedrático universitario el problema financiero no se sustenta en el debe y haber, es decir, entradas y salidas, más bien en transparencia sobre cómo se gasta el dinero, en qué se gasta y quién lo gasta. Contundente señala: “En ese sentido el problema no es de origen económico, sino político. Tiene que ver con el secuestro que vive la universidad desde hace muchos años por los internos grupos de poder”.

“En el discurso oficial se nos dice que la crisis de la universidad es porque no recibimos suficiente presupuesto por parte de la federación, tampoco bastante aportación del Gobierno del Estado, los municipios no enteran lo correspondiente al impuesto del 12 por ciento, y con todo esto, más el no reconocimiento de plazas por parte de la SEP, no tenemos condiciones económicas reales para responder a la sociedad nayarita en términos de oferta educativa.

Lamenta el profesor-investigador el clima de incertidumbre instalado en el ambiente laboral y vida particular de personal administrativo y docente causa a la falta de ingresos oficiales. Porque a pesar del esfuerzo mayor en la efectiva realización de tareas, a cambio no hay correspondencia de las autoridades universitarias.

Sin embargo, Carlos Rea cifra esperanzas en el convenio, según tiene noticias, cuya firma fue ratificada entre la Universidad Autónoma de Nayarit y la Secretaría de Educación Pública que conlleva el propósito de establecer medidas que permitirán aminorar la crisis financiera que atraviesa el alma mater. Sin embargo, anexos del convenio son calificados por Rea como lesivos, es el caso de no reconocimiento por la dependencia federal de un número importante de plazas magisteriales.

Puntualiza: “Se atribuye el no reconocimiento a la presencia de las escuelas preparatorias. Efectivamente es uno de los factores, otro es el proceso de contratación no transparente, tampoco regulado desde el punto de vista institucional del 2014 a la fecha. En este año fue la primera ocasión en que percibimos la dimensión de la crisis económica de la UAN. De entonces para acá el sentido común indicaba que habría que ser muy rigurosos, meticulosos, en los procesos de contratación para no abonar, desde la propia institución, a este desfase entre presupuesto y número de plazas”.

Asimismo, Carlos Rea expone el manejo poco transparente del presupuesto de la UAN (alrededor de mil 700 millones de pesos), mientras que amplios segmentos del presupuesto han sido manejos de manera discrecional desde tiempo atrás por grupos de poder universitario. Considera que esos factores mantienen a la universidad en el momento que hoy se encuentra, pero enfático sostiene que no desde el punto de vista académico, donde proclama que hay una mejoría significativa, extraordinaria.

“Por lo tanto, para enfrentar la crisis de la universidad, con estricta apariencia económica, insistimos en que no es posible echar encima de trabajadores con salarios debilitados el peso de esta coyuntura crítica. Nosotros pensamos que las causas reales están en la dimensión política de la vida universitaria, y allí es donde debemos avanzar simultáneamente, es decir, tenemos que resolver esta coyuntura, plantear una reforma estructural en términos administrativos-financieros. Pero eso no habrá de funcionar si no descorporativizamos a la universidad, si no garantizamos la democratización, si no garantizamos que todo opere de acuerdo a la legalidad, a la transparencia y rendición de cuentas, y si no impedimos el uso discrecional de recursos, así como capacidad también discrecional para decidir quién entra a la UAN, quién se basifica, quién es promovido.

“Si no rompemos con esas circunstancias, estaremos resolviendo sólo momentáneamente las situaciones críticas y económicas que vivamos, pero las causas reales persistirán y eso querrá decir que bastará poco tiempo para que el fenómeno vuelva a emerger. Pensamos que el abordaje debe ser integral, debemos resolver la coyuntura con una política de austeridad que no lesione más a los trabajadores, al contrario, desde el punto de vista sindical nosotros reivindicamos que, si bien es lamentable la actuación que ha tenido el comité central ejecutivo del SPAUAN, que no ha estado a la altura de las circunstancias para defender los intereses de la base trabajadora, en este caso de los docentes, nosotros tenemos que reivindicar una verdadera homologación salarial, que se dignifique verdaderamente nuestro salario y condiciones laborales.

“Sí estamos dispuestos, efectivamente, a que se revise el contrato colectivo, no para renunciar a derechos adquiridos sino para modernizar y volverlo razonable, pero la premisa indispensable para que eso pueda suceder es que se garantice una homologación real de nuestros salarios y un sinfín de cosas ya antedichas, pero lo fundamental es que tenemos que limpiar a la universidad de dinámicas corporativistas que hoy la tienen secuestrada”

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