Tepic, Nayarit, sábado 14 de diciembre de 2019

Una autonomía mal entendida

Sergio Mejía Cano

22 de Febrero de 2019

Cuando el ejército mexicano invadió a la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en septiembre de 1968, se puso mucho énfasis por parte de intelectuales, académicos y del mismo personal universitario de que se había violado la autonomía de la UNAM, que había sido un acto aberrante por el lado que se le quisiera ver. Desde luego que a mis escasos 15 años de edad me fui con la finta y a varios compañeros de la secundaria y a mí, tal vez sin saber de bien a bien de qué se trataba todo eso, también nos indignamos.

Sin embargo, una maestra que nos impartía la clase de Español, en un viernes social tan comunes en aquellos años, nos ilustró a sus alumnos haciéndonos ver que en sí, el hecho de que los soldados hubieran entrado al recinto universitario era infame y a todas luces inconstitucional porque a pesar de ser la UNAM un lugar prácticamente público, el comportamiento del ejército había sido un allanamiento vil, una invasión a todas luces reprobable en un Estado democrático y de Derecho, por lo que no tenía por qué haberlo hecho, pero que en sí no era una violación a la autonomía universitaria, ya que dicha autonomía no significaba que la UNAM fuera un Estado dentro de otro Estado, tal y como sí lo era El Vaticano, que sí es un Estado independiente a pesar de estar dentro de la capital italiana, Roma. Y que para nada se compararía si el gobierno italiano hubiese entrado a bayoneta calada al Vaticano para apresar sacerdotes o autoridades eclesiásticas, porque ahí sí se hubiera considerado como una invasión de un Estado
contra otro.

Caso muy diferente con lo sucedido con la entrada del ejército a las instalaciones de la UNAM, porque la autonomía de la universidad nacional  las demás en el país la tienen para gobernarse a sí misma mediante sus propias leyes educativas, libertar de cátedra y desde luego su gobierno propio en la misma universidad, pero esa autonomía no puede impedir que, mediante una orden judicial entre la policía a ejecutar alguna detención o revisión de algo que algún juez mediante denuncia haya considerado necesario que acudiera la autoridad federal o en caso de fuerza mayor hasta las fuerzas armadas en un operativo extraordinario; y esto, no se puede considerar como una violación a la autonomía universitaria no nada más de la UNAM, sino de las demás universidades públicas del país.

Y en todo caso, como instituciones públicas educativas que son, y por recibir dinero del erario, su autonomía no autoriza a estos planteles educativos a no rendir cuentas del dinero que reciben por parte del gobierno en sus tres niveles, porque se entiende que lo público, público es en todo tiempo y forma y, si alguien solicita que se transparente el cómo se manejan los dineros de los impuestos de los mexicanos, las universidades públicas del país tienen la obligación de transparentar todos los movimientos que hacen con el dinero del presupuesto que se le entregan.

Sin embargo, durante mucho tiempo y aun hoy en día, hay entes universitarios que consideran como una invasión a la autonomía universitaria si se le piden cuentas por sus finanzas, algo a lo que están obligadas en todo tiempo.

Si a alguna autoridad gubernamental se le hubiese ocurrido en tiempo y forma pedirle cuentas a los rectores de cualquiera universidad de nuestra depauperada nación, obviamente que no habría aviadores dentro de las universidades, porque de que los hay, los hay; y esto lo han reconocido las mismas autoridades universitarias. Pero el caso es que no se acaban los aviadores así ya esté documentado que existen y que sangran al presupuesto universitario malamente, porque esos aviadores son personas que nada más acuden a cobrar sin trabajar o que cobran plazas de más de las que supuestamente dan clases. Y supuestamente, porque por lo regular la mayoría de estos entes que han cometido algún tipo de fraude en las universidades son los que menos han acudido a un aula de clases.

Se dice que querer es poder, y si se quisiera en verdad, aquí en Tepic, desde cuándo que ya se sabría quién fue el autor intelectual del incendio en la Universidad Autónoma de Nayarit (UAN), ya hubieran hecho público el nombre y apellido de los que cobran sin trabajar en la UAN y, no nada más identificados, sino que ya se les hubiese decomisado todo ese dinero que se llevaron a su bolsillo sin haberlo desquitado. Porque para hacer justicia no hay autonomía que impida el que no la haya, todo es cuestión de escarbar a fondo y llevar las cuentas claras y bien.

Sea pues. Vale.

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