Tepic, Nayarit, domingo 29 de marzo de 2020

Politización y realidad

Marco Vinicio Jaime

19 de febrero de 2020

La realidad de nuestros días, con su problemática, es abrumadora: inseguridad, violencia homicida en ascenso, escasa procuración e impartición de justicia eficaz contra la impunidad, economía en parálisis, salud con deficiente atención oficial, corrupción, y ausencia de políticas adecuadas y debidamente estructuradas en materia de comunicación para recoger diagnósticos precisos del sentir poblacional y sus crecientes necesidades; y en consecuencia, decremento de voluntad y oficio político para sumar desde una gobernanza que integre y potencialice fortalezas, como capitalice oportunidades de mejora en el peculiar escenario político-gubernamental de cara a la urgente regeneración del tejido social.

Las carencias sin solución, la división política, la desorganización gubernamental y las ambiciones electoreras, han recrudecido una vorágine centrada en la politización lucrativa de la terrible realidad que lacera todos los días a la sociedad, de cara a la renovación de algunos poderes y órdenes de gobierno que tendrá lugar ya el siguiente año, de ahí su justificada decepción de los actuales estereotipos de práctica politiquera y de ejercicio del propio poder, en todos los colores, inclusive hasta del partido que a poco más de un año de haber tomado la conducción del país en medio de una grande expectativa popular, comienza a resentir significativamente el desgaste no solo ante la escasez de resultados que vayan acorde con los turbulentos retos consabidos, sino de la ruptura al interior de esa amalgama ideológica y de intereses disímbolos que en su momento convergieron en una sola meta inmediata: ganar, y nada más, y en lo subsecuente, ante la inexistencia de un plan superior de búsqueda suprema de verdadero beneficio colectivo, que mantuviera cohesión, el resultado parece ser por hoy, un inminente efecto dominó de lucha fraticida hacia la autodestrucción.

Así, más que repartir culpas hacia atrás, de la ineludible responsabilidad que recae ya en el regir actual, o de urdir estratagemas para seguir conservando el poder a como de lugar: golpeando, destruyendo la crítica y la oposición, o en su contraparte detractora, arrebatarlo, es urgente más que nunca, anteponer objetivos egoístas y de mera imposición hegemónica, para superar el más poderoso desafío de todos los tiempos: una vez más integrarse en un solo ejército contra el mal, el verdadero enemigo, reconociendo fallos, y asumiendo compromisos irreductibles para superalos, que de la eficacia de cada general y su trinchera para coordinarse y realizar de la mejor manera su tarea, dependerá en gran medida acumular tal capital que le permita entonces llegar al 2021 y a futuros procesos electorales, con posibilidades reales de competir y de obtener la confianza ciudadana.

En consecuencia, no es ahora, la simulación, la francachela de los escenarios preestructurados de oropel de la falsa modestia y el “amor” a los desposeídos, ni mucho menos el reparto politiquero de limosnas clientelares y de obra material, el parámetro de un buen o mal gobierno, o aspirante exitoso a determinado cargo de elección, sino su capacidad para percibir, entender y decodificar el sentimiento del pueblo, y en consecuencia erigir una genuina alianza con éste, con sentido y rumbo ideológico coherente, congruente -con el decir, el hacer y lo hecho-  y con una alta dosis de comunicación política y social, que sume, atienda y entienda su tiempo y su circunstancias, suprimiendo al máximo la tentación de lo que hoy lamentablemente es lo común: mezquindad, pichicaterías y sectarismo en lo general, pero despilfarro en lo particular, entre amigos y alquimistas oscuros de la tenebra y la intriga palaciega; esos, por ejemplo, que en ciertos espacios de ejercicio oficial, le apuestan más a un maltrecho monólogo del patrón en la red, vendiendo el esquema como espejitos para quedarse con la mayor tajada, que la interacción que amplia de veras el horizonte de la verdad y la comunicación en la multiplicidad de criterios del ejercicio periodístico; lo mismo que la construcción de propuestas de fondo con sustento en la lógica de lo qué es posible de principio a fin, para consumar en su momento hechos de probada eficacia.

Es un hecho, que de no haber un viraje sustancial, los nubarrones cada vez oscuros, devendrán muy pronto en un abrupta tempestad de impactos imprevisibles. ¿Se logrará el anhelo de una transformación de fondo que lo impida? Veremos.




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