Tepic, Nayarit, martes 25 de junio de 2019

Paco Ocampo, un año de ausencia

Oscar González Bonilla

31 de mayo de 2014

¡Paco Ocampo. Oh, Paco Ocampo! De tanto, nada se me ocurre decir de mi querido compadre que el último día de mayo fecha es para recordar el primer aniversario de su fallecimiento.

Comenzaré por expresar que Francisco Javier Ocampo Mondragón fue un talentoso reportero de cuyo tránsito por el periodismo nayarita dan cuenta medios escritos, televisivos y radiofónicos. Tal consagración le permitió espacio para transmitir enseñanzas en aulas universitarias con el gozo de ser útil a jóvenes con interés de abrazar la carrera de las ciencias de la comunicación.

Nació en Tepic tres años después de la mitad del siglo pasado y tuvo como introductor en el oficio del periodismo al también inteligente Rogelio Zúñiga Escobedo, cuando aquel en 1972 se acercó a El Tiempo de Nayarit para solicitar trabajo. Paco era un joven de apenas 19 años.

Así inició su carrera que abarcaría el espacio de 41 años ininterrumpidos en la actividad periodística, que poco o casi nada alternó con el ejercicio de su profesión de abogado por la Escuela de Derecho de la Universidad Autónoma de Nayarit. Su pasión fue el periodismo, jamás el ejercicio libre del derecho, aunque con limitaciones económicas supo sortear vicisitudes que le presentó la vida para ofrecer bienestar a su esposa e hijos y, lo más importante, ser inmensamente feliz.

Pocos como él sentían en el corazón tanto júbilo al momento de reportear y obtener primicias informativas que lanzaría en tanto oportunas conforme al medio de comunicación para el que prestara sus servicios. Era en tal grado su dinamismo que no tenía límite de horario, podríamos decir que fue reportero de tiempo completo. Pero además esforzado y meticuloso en la redacción. Su lema fue siempre hacer las cosas bien, o no hacerlas.

Paco Ocampo fue un excelente compañero de sus colegas, nunca tuvo seria dificultad con alguno de ellos. Y si la tuvo, yo no recuerdo, buscó zanjar desavenencias por medio de su buen talante. Más bien, siempre se empeñó en apoyar a sus amigos reporteros,  a los novatos que lo seguían con consejos, a los de medio pelo invitaba la copa y a los de mayor experiencia con reparto pecuniario. A él le escuché decir en todo tiempo: El embute es sagrado.

Esas fueron motivaciones más que suficientes por las que cada día se veía acompañado de dos que tres reporteros. Pero asimismo Paco se ganó la confianza de miles de personas que entregaron información al periodista que plasmó en los medios con veracidad, por ello ganó credibilidad y la responsabilidad fue su escudo protector. El chascarrillo a flor de piel, el ingenioso humor irónico que provocaba la explosión de risa y su desbordante alegría fueron en su personalidad cosa común.

Paco Ocampo dirigió con tino organizaciones periodísticas como APENAC (Asociación de Periodistas y Escritores de Nayarit A.C.) y APROCON (Asociación de Profesionales de la Comunicación de Nayarit), además ocupó la suplencia de Síndico en el Ayuntamiento de Tepic y también fue diputado suplente local, cargos políticos que yo más recuerdo, aunque pudiera haber otros por él desempeñados. Ah, tengo presente en la mente que muy al inicio de su carrera fue jefe de prensa del INPI Nayarit (Instituto Nacional de Protección a la Infancia) cuya directora Flavia Flores era esposa del gobernador Roberto Gómez Reyes, posteriormente del DIF de doña América Manríquez de Flores Curiel.

En sus frecuentes charlas de cantina solía jactarse de haber sido el primer periodista en encabezar el movimiento parista después de la mitad de la década de los setentas, único alzamiento de periodistas habido en la entidad, en contra del periódico El Observador de Nayarit por exigencia de mejores condiciones laborales y la dignidad de los reporteros. Con la indemnización de todos los participantes en la revuelta terminó el movimiento de rebelión.

Tuve la fortuna de trabajar a su lado en Notisistema Tepic, los dos bajo la batuta de Rogelio Zúñiga. Lo vi alejarse en 1982 para asumir nuevas responsabilidades en Radio Korita (XERK) en donde hizo escuela. Como titular de noticiarios abrió oportunidades a buen número de personas, sobre todo jóvenes, interesados en la práctica del periodismo radiofónico.

Allí permaneció durante 17 años, empresa concesionada a la familia Mondragón a la que considera entregó lo mejor de su experiencia adquirida al paso de los años en su trajinar por los diferentes medios de comunicación. Fue en ese centro de trabajo cuando se manifestaron iniciales sufrimientos del terrible cáncer estomacal que padeció.

Tres vicios, muy arraigados, tuvo don Paco Ocampo: alcohol, tabaco y mujeres. La ingesta sin medida, la inhalación de cigarrillos en cantidades industriales causa fueron de su mortal enfermedad. Aunque la atención médica fue buena con el apoyo del actual gobierno de Roberto Sandoval, sucumbió luego de meses de lenta disminución de salud.

No olvido el día de su sepelio. Luego de ofrecer una misa de cuerpo presente en el Santuario, templo ubicado a espalda de su domicilio particular, la carroza partió hacia el panteón Hidalgo en Tepic. Al llegar a su casa, ubicada por la avenida Prisciliano Sánchez al norte, entre Zaragoza y Victoria, la caravana de dolientes hizo alto durante varios minutos en señal de despedida. Momento que aprovechó su hija Nadia, quien conducía la camioneta propiedad de su padre en vida, para a todo volumen del estéreo del vehículo hacer escuchar la voz de Alberto Vázquez con canciones de la predilección de don Paco. De gran emoción el ensayo.

Muchísimas vivencias hay por contar de Francisco Javier Ocampo Mondragón, sólo quise hacerle este humilde homenaje ante la pachorra y dejadez de aquellos dirigentes (mujeres y hombres) de las diversas organizaciones periodísticas existentes en Nayarit, a quien se reveló a plenitud como lo que siempre fue: un gran comunicador, al amigo que siempre tuve.

De igual manera transmito mi afecto, admiración y respeto a mi comadre María Guadalupe Vázquez (“Pupis”), Paco segundo, Nadia y Fátima, mi ahijada.

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