Tepic, Nayarit, viernes 22 de noviembre de 2019

En Ecuador la construcción pacífica se defiende con violencia

Octavio Camelo Romero

14 de octubre de 2019

Ecuador puede convertirse en ejemplo de lo que sucedería en México si se llevara a cabo un “Golpe de Estado suave o blando” al Presidente Andrés Manuel López Obrador.

Del 97 del siglo pasado al 07 de este siglo, Ecuador tuvo 8 Presidentes. Todos ellos derrocados por levantamientos populares. En cambio, del 2007 al 2017 hubo estabilidad. ¿Quién gobernó en ese periodo? Rafael Correa. ¿Qué hizo? Hecho para atrás todas las políticas neoliberales y fundó el “Estado Multinacional”, en el cual se reconocían las diversas nacionalidades de los pueblos originarios y se daba paso a un nuevo “Derecho Positivo” multinacional. Pero, del 2017 a la fecha, vuelve otra vez el neoliberalismo con el Presidente Lenin Moreno y de nuevo la desestabilización.

La reversa del Estado Democrático ecuatoriano ha tenido dos etapas. La primera de ellas queda marcada por la utilización de los mecanismos del “Golpe Suave” en contra de los representantes e intereses de las amplias corrientes populares que construyó Rafael Correa, incluso en contra del propio expresidente de Ecuador. Metió en la cárcel a su Vicepresidente, destruyó la Alianza País a nivel nacional, sacó al país del ALBA y de la OPEP, se integra al Grupo de Lima, retira el asilo de Julian Assange, pretende su integración a la Alianza del Pacífico, etc. Queda de manifiesto un retroceso de 180 grados. La segunda etapa se caracteriza por la intervención directa del Fondo Monetario Internacional en la determinación de las políticas económicas ecuatorianas. Para prestar más de 4 mil millones de dólares al Gobierno de Moreno, el FMI impuso sus condiciones de culminación de las políticas sociales y de renovación de las políticas neoliberales. Planteó la eliminación del subsidio a las gasolinas que supone un incremento de 120 por ciento al diésel y un 30 por ciento a la gasolina regular, la reducción a la remuneración de los contratos ocasionales, la disminución a la mitad de las vacaciones de los empleados públicos, la eliminación del impuesto de salidas de divisas, etc.

Las protestas no se han dejado de sentir. Miles de mujeres indígenas marcharon por las calles de Quito, Ecuador, protestando contra las medidas neoliberales del Gobierno. Los transportistas, estudiantes, indígenas y clase media se encuentran en las calles luchando contra un Gobierno y un Presidente que huyó de Quito a Guayaquil y que, en lugar de diálogo les mando a los militares a reprimir, y que además, impuso el estado de excepción. La constante en las protestas es que son muchas voces, están fuera de control y no hay uno o varios liderazgos claros y precisos.

Se habla de 7 muertos, de más de 600 heridos, de 13 periodistas encarcelados, de 9 medios de comunicación intervenidos y de que la alianza FMI-Gobierno ecuatoriano no quieren que la comunidad internacional se entere de la cruenta represión al pueblo. Sin embargo, no parece que las movilizaciones espontáneas vayan a provocar el derrocamiento del Presidente Lenin Moreno. Pero tampoco parece que el mandatario, sin estructura partidaria ni gabinete propio, llegue a las elecciones del 2021. Sobre todo por su desgaste político. Lo que puede ocurrir es que una vez que haya cumplido su misión, la derecha latinoamericana junto con la derecha estadounidense, le den las gracias. Empero la solución al conflicto político está dada en la Constitución del 2008, vigente hasta el momento. El Presidente tiene la faculta de disolver la Asamblea Nacional, así como la Asamblea tiene la facultad de destituir al Presidente. Pero en ambos casos, se convoca a elecciones para sustituir a los integrantes de los dos Poderes, el Poder Ejecutivo y el Poder Legislativo. En fin.

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